Y los planetas chocaron finalmente en EE.UU.

Por Marcelo Ramírez

La aparición de Donald Trump en en la política estadounidense provocó una conmoción, su asunción presidencial fue recibida con grandes marchas de protestas con acusaciones de homofobia, misoginia, xenofobia y racismo.

Un hecho inédito que se complementó con columna de desposeídos que se organizó en América Central y marchó hacia las fronteras de EE.UU. con una amplia repercusión internacional.

Las acusaciones hacia el magnate de las finanzas George Soros se multiplicaron cuando se supo que su Open Society iba a financiar a más de 50 organizaciones para luchar contra el nuevo residente, quien anunció que iba a hacer recortes de los dineros estatales que estas ONGs recibían.

La columna de inmigrantes se diluyó con tanto misterio como nació en medio de acusaciones contra Soros por ser el financista y no se volvió a repetir, pero la tensión seguiría sin embargo.

La política de Trump comenzó como se esperaba con la salida de EE.UU. del TPP, principal mega acuerdo comercial que iba a sentar las bases de la victoria de la globalización como modelo único. 

El anuncio del retiro de tropas en algunos puntos calientes del planeta, el cese de apoyo al terrorismo del Daesh que había canalizado Huma Aberdín, mano derecha de HIllary Clinton y perteneciente a la Hermandad Musulmana, encendieron las alertas.

EE.UU. en el modelo globalista que encabezaban las corporaciones financieras sin patria definida, tenía  el papel de instalar un mundo sin barreras que posibilite el despliegue de estrategias comerciales que les permitieran producir y tributar como mas les era útil a los sectores más ricos para aumentar sus beneficios.

Junto con este papel de apertura de mercados internos, las FFAA de EE.UU. debían disciplinar a los países díscolos como lo había hecho con Muamar El Ghadafi y su peregrina idea de un dinar de oro para el comercio, sumado a “su arrogancia” hacia el sistema del petrodólar vendiendo su producción en euros, fueron su sentencia de una muerte que fue festejada con carcajadas públicas de HIllary Clinton.

Siete países cayeron bajo la bota del premio Nobel de la Paz Barack Obama, y luego seguiría Rusia, para más tarde ir por China. Los rearmes acelerados de estos países  y su acercamiento entre si fue la respuesta para sobrevivir a lo que se esperaba.

Al determinar Trump que los EE.UU. ya no tenían posibilidades de seguir siendo el gendarme del mundo al servicio del interés que debilitaba al país a través de la deslocalización productiva y de la ingeniería en las finanzas que lo desangraban, la política que implementó durante su gobierno lo alejó de las guerras reales.

Las únicas acciones concretas fueron unos bombardeos a una base Siria que fue notificado previamente y no ocasionó víctimas ni daños materiales considerables y el asesinato de Soleimani, sobre el cual existen sospechas de haber sido un intento de las fuerzas globalistas de desatar una guerra que tuerza la historia.

La propia reacción de Irán limitando sus respuestas a un bombardeo histórico a bases de EE.UU. sin recibir una respuesta, es un indicio de que ambas naciones acordaron frenar la escalada que tenía a terceros muy interesados en que suceda.

Esto es absolutamente diferente a los resultados que tuvo Obama. El presidente egresado de la elitista Universidad de  Yale e hijo de un oficial de Inteligencia estadounidense contaba con miles de muertos en sus espaldas al término de su primer mandato, sin embargo la prensa hablaba elogiosamente de él y le otorgaban el Nobel de la Paz.

Un trato muy dispar que responde a los intereses a quién responde.

El choque de modelos en el capitalismo occidental se dio entonces como se esperaba, pero los resultados económicos de Trump fueron lo suficientemente buenos como para resistir la campaña de prensa de los medios bajo control de la facción capitalista que lo enfrenta, y presagiaban un cómodo triunfo electoral.

Hasta allí lo previsible, pero que se produjo el cisne negro del Sars Cov-2. A esta altura, y como ya anticipamos, es imposible saber cuál es su origen y aún si fue una mutación artificial, las razones de su diseminación. Sea lo que sea, sus consecuencias políticas son implacables.

Con más de 100 mil muertos en EE.UU., se produce un crisis sanitaria en el país que es resultado de un accionar dubitativo y contradictorio de Trump al que se suma una estructura organizativa gubernamental que asigna las decisiones sobre la política de contención sanitaria a gobernadores y alcaldes, creando un respuesta anárquica en la emergencia.

Por eso vemos el resultado catastrófico en Nueva York, donde el Gobernador Andrew Cuomo y el alcalde Bill de Blasio han tenido pésimas gestiones y confrontan cuando el gobernador demócrata responsabiliza de mal desempeño al alcalde…demócrata.

Trump a raíz de la sucesión de problemas veía como una posible reelección se complicaba y entonces sacó un conejo de la galera cuando un diputado de Ucrania, Andréi Derkach, el pasado 19 de mayo dio a conocer una serie de conversaciones que involucran al expresidente de Ucrania, Piotr Poroshenko,  al ex vicepresidente de EE.UU. y candidato demócrata Joe Biden  junto al ex Secretario de Estado John Kerry, todos funcionarios de Barack Obama.

Con ello Trump buscaba acorralar Obama y a su contrincante Biden en una trama que demuestra como el Deep State conspiraba contra su persona a partir de crear un falso Russiagate, cuando los demócratas imputaban a ese país y a su presidente Vladimir Putin de un complot que finalmente terminó siendo desechado por el Fiscal  Especial Robert Mueller.

El escándalo significó en su momento que el consejero de Seguridad Nacional de Trump, el Teniente Gral. retirado Michael Flynn, deba renunciar. 

Michael Flynn fue señalado como el nexo con Trump del gobierno ruso por una llamada telefónica con el entonces embajador ruso en EEUU Serguéi Kisliak, algo habitual en cualquier aspirantes a  presidente que busca establecer contactos con otras naciones para explicar su programa de gobierno, más aún si ese gobierno es el de Rusia.

Flynn presionado hizo un acuerdo judicial en el que reconoció los hechos y dio pie para el accionar de la prensa contra Trump, sin embargo el Jefe del Departamento de Justicia William Barr terminó por desistir de los cargos contra Flynn y abrió la puerta para  la contraofensiva.

Desde la asunción de Trump a la presidencia, el referente del Comité de Espionaje de la Cámara de Representantes, Adam Schiff, señalado como un hombre cercano a George Soros, fue acusado de  haber alterado las transcripciones testimoniales para incriminar a Trump y generar las condiciones para  que prospere el Russiagate  y el impeachment.

Trump se apoyó en el senador Lindsey Graham, Presidente del Comité Judicial del Senado, para que cite a comparecer a Obama ante el Senado como imputado por ser el responsable de la ingeniería del Russiagate. Si lo consigue sería una golpe final contra Obama y facilitaría su reelección.

En este contexto es que se desarrolla la segunda parte de esta historia cuando se produce la muerte de George Floyd, un estadounidense de raza negra a manos de un policía que fue extrañamente compañero de trabajo como custodio en bares nocturnos.

Allí una vez más nos imponemos una pausa para nuevamente advertir que ya tenemos dos autopsias, una oficial y una de parte, contradictorias, mientras una atribuye la muerte a una dolencia cardíaca combinada con el consumo de tóxicos, la otra la señala como parte de una presión de parte del policía.

Seguramente nunca sabremos la verdad porque cuando se politizan las causas policiales todos se vuelve confuso, pero si podemos establecer sin dudas que esto es un golpe demoledor contra Trump porque sería el puntapié inicial para una movimiento insurreccional que sacude EE.UU.  

En una nación que hasta los años 60 tenía una discriminación que era legal y que aún hoy presenta situaciones de tensión racial, en medio de una pandemia con miles de muertos, una crisis económica severa y una profunda crisis política fruto de una fractura en los poderes económicos y financieros, el terreno estaba abonado para el desborde social.

La coincidencia temporal entre la presión de Trump sobre el tándem demócrata Obama-Biden y el estallido de las protestas es altamente sospechoso de una intencionalidad política en el impulso de los desmanes.

Las protestas son canalizadas por dos organizaciones de las que mucho habla la prensa pero poco da a conocer sobre sus orígenes: Black Lives Matter y Antifa.

La primera es una organización que ha despertado polémica porque su visión ha sido señalada como de supremacismo negro, llamando a la violencia como respuesta a sus denuncias y se presenta diciendo  que adopta la interseccionalidad porque “vive en los negros homosexuales, personas transexuales, personas con discapacidad, personas negras indocumentadas, negros con antecedentes, las mujeres y todas las vidas negras a lo largo del espectro de género”.

Antifa es una organización internacional con antecedentes de violencia que se presenta diciendo en su tweeter de NY: “Creemos y luchamos por un mundo libre de fascismo, racismo, sexismo, homo/transfobia, antisemitismo, islamofobia y intolerancia“.

Antifa envió combatientes a Siria y no precisamente para pelear por el gobierno de Bashar al Assad sino aliadas a los movimientos kurdos pro norteamericanos y a las Fuerzas Democráticas Siria que combatían las fuerzas del Ejército Árabe Sirio, el Hezbollah y las fuerzas rusas.

La archiconocida Greta Thumberg, impulsada por los medios globales y alabada por los líderes mundiales ha sido señalada como cercana a Antifa por la pertenencia de estos a esa organización.

Resulta muy extraño a primera vista que es esta organización que era capaz de promocionar una sueca desconocida a lo más alto del sistema internacional. ¿A quién o a qué responde Antifa?

No todo lo que reluce es oro, estos grupos, especialmente antifa, tienen orígenes y accionar en la tinieblas, con financiaciones que nadie quiere asumir.

BLM ha recibido el apoyo del aparato cultural de propaganda del globalismo a través de cantantes y actores, algo habitual y del sí más novedoso apoyo abierto de las grandes corporaciones como Twitter, Nike, Amazon, Sony y otras representantes del “capitalismo ético”.

Como resulta notorio estas fuerzas son el bloque globalista cultural que es uno de los bandos en disputa, y si faltaba poco, podemos observar la reacción de los medios corporativos que casi en forma uniforme solo tienen una versión y abonan constantemente las protestas contra el “loquito” de la Casa Blanca.

Una vez más vemos cómo el progresismo, radicales de izquierda dura y corporaciones van de la mano y llegamos otra vez al punto en que la disputa entre los sectores capitalistas es la clave para entender lo que sucede, algo que se profundiza y acelera porque si Trump es reelecto es muy difícil que la globalización puede ser retomada.

El juego se ha transformado en un a todo o nada, las reglas electorales han sido respetadas a regañadientes con la victoria de Trump en el 2016 pero reelección está fuera de lo tolerado y comienza un peligroso vale todo.

Los dos sistemas han entrado en colisión y el juego se abre, si Trump consigue imponerse en cuatro años más va a terminar por desarticular la globalización que hoy ha retrocedido en lo económico y seguirá presionando sobre lo cultural, en cambio si la coalición de izquierda/ progresismo/ corporaciones se impone, volverá la globalización a intentar retomar el programa interrumpido.

EE.UU. juega su suerte en los próximos meses, la tensión puede limitarse a  un desgaste con la esperanza de derrotar las ambiciones electorales del sector que tiene como mascarón de proa a Donald Trump o puede profundizar y desatar una guerra civil para determinar qué sector se queda con el control definitivo.

Mientras tanto Rusia y China observan con preocupación porque más allá de los discursos pirotécnicos y las bravuconadas, saben que con Trum no habrá guerra, pero el otro sector, aquel de buenos modales, no vacila en usar la fuerza militar como lo pueden atestiguar Libia y Siria. entre otros y ellos son objetivos militares de este modelo porque encabezan la alternativa multipolar.

Ni Rusia ni China intervendrán en la situación interna de EE.UU., solo lo harán seguramente si se desestabiliza el país.

Por ello el futuro de la humanidad tiene mucho que ver con lo que pase en EE.UU.

Analista Geopolítico
Autor de los libros:
«Cómo Putin puso de pie a Rusia Historia, tradición, pensamiento y orgullo para unir una nación».
» De la geopolítica clásica a la geopolítica moderna: El pensamiento de Mohammad Farhad Koleini».

1 pensamiento sobre “Y los planetas chocaron finalmente en EE.UU.

  1. Excelente análisis de la situación que enfrenta EE.UU. y el mundo. Es muy posible que lo hechos sean tal como describe e interpreta este analista. La verdad es que da qué pensar.

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