Trump, Putin y Xi contra el globalismo financiero.

Por Marcelo Ramírez

La pandemia covid-19 ha llegado y sus efectos en la salud son preocupantes, pero los más llamativos, los que generarán el debate y que marcarán nuestro futuro mediato son los que tienen que ver con el diseño futuro de la economía y a partir de allí el rediseño de las relaciones socioeconómicas y políticas.

La suerte de este debate está atada a la disputa internacional por el poder real, una situación será si se conforma un poder tripartito entre Rusia, China y EE.UU. con Trump y otra es si éste último pierde el control de su país y reaparece en el horizonte el globalismo financiero con su propuesta hegemónica.

La primera opción significa la coexistencia más o menos pacífica, porque la historia demuestra que la existencia de naciones poderosas suele acarrear disputas por el control de zonas de influencia, que, si bien hoy se demarcarían estas áreas en función de acuerdos, el día de mañana la tentación de mudarlos puede generar disputas,

Un modelo multilateral no es el paraíso en la Tierra, nunca lo ha sido y seguramente nunca lo será.

La opción de un modelo globalista basado en el control del dinero tiene características mucho más negativas aún. La desaparición de los Estados o su reducción a modelos meramente administrativos que respondan a decisiones supranacionales de organismos bajo control de las grandes fortunas conlleva la pérdida de soberanía y con ello la incapacidad de generar los más mínimos cambios contra el Poder.

Es evidente que una revolución se puede lograr en un pequeño país con dificultades, puede llevarse a cabo en naciones medianas con desafíos mayores, pero proyectar una revolución favorable a los intereses populares a escala planetaria contra un gobierno único que cuente con la suma del poder, es algo virtualmente imposible.

La consolidación de un modelo de estas características definitivamente estratificaría las clases sociales y dadas las señales que hemos venido viendo, la tentación de aplicar programas maltusianos que eliminen excedentes poblacionales innecesarios y potencialmente conflictivos ante su rezago, serían una tentación irresistibles para el Poder.

Las políticas que hemos experimentado en las últimas décadas sobre minorías sexuales, étnicas y culturales en general junto con la promoción del aborto o la eutanasia tienen un común denominador que es la presión hacia la disminución demográfica de los países.

Estas políticas traen aparejado un aspecto cultural notable y peligroso que es la entronización de la idea del individualismo que se ha venido esbozando desde hace siglos pero que se ha consolidado hasta niveles asombrosos en la actualidad.

La mera idea de que uno puede desafiar a Dios o a la Naturaleza anteponiendo sus preferencias sobre la realidad es una muestra de ello.

Autopercibirse como mujer cuando cada célula de nuestro cuerpo es de un hombre es colocar el individualismo por sobre todo, incluyendo a la naturaleza, yo decido lo que soy, mi voluntad supera la realidad.

En este punto se produce una asombrosa coincidencia, el progresismo, la izquierda tanto socialdemócrata como dura, coincide con el liberalismo. Unos porque ven esto como una resistencia contra una sociedad opresora capitalista que busca la reproducción de la fuerza laboral para beneficios del capitalismo, otros como la derecha liberal señala su excusa en el hecho de la libertad absoluta para decidir. Para estos últimos el problema no es que el feminismo o el género estén equivocados en sus posiciones sobre la capacidad de autopercibirse sino en que lo que les resulta intolerable es que impongan a los demás su visión a través de cupos, cambios legislativos y culturales.

Excepto grupo minoritarios en ambos bandos, como la izquierda marxista clásica que exponen esto como una consecuencia del capitalismo decadente y los liberales que expresan que el actual liberalismo choca con las ideas de uno utópico y responde a los grandes poderes, en el resto mayoritario la coincidencia es notable. En este punto quiero aclarar que respondiendo a la practicidad no hacemos distinciones entre liberalismo y libertarismo, que vemos como apenas diferenciaciones menores para no cargar en las espaldas con pecados pasados.

Ambos grupos coinciden en la idea de la falta de trascendencia, una idea ignorada por completo en sus discursos, no hay fines superiores, no hay otra idea predominante que no sea la inmanencia. 

No es extraño entonces que ambas corrientes descrean de la existencia de Dios o cualquier noción metafísica, el materialismo termina por consumir cualquier noción del deber, demonizan la culpa ante una falta como un resabio a olvidar de la cultura judeocristiana opresora, que dicho sea de paso deberían ampliar hacia el Islam, pero que no lo hacen por el ombliguismo eurocéntrico que les impide ver, inclusive para criticar.

Estas posiciones las expresan de dos maneras complementarias, la izquierda con una actitud agresiva antirreligiosa basada en la creencia que las religiones son opresivas, pro capitalistas y opiáceas, a pesar de que estas ideas no tengan forma de demostrarse como ciertas, o al menos como una cualidad diferenciadora de un sectarismo feminista, por ejemplo, que se transforma en una práctica dogmática y cuasi religiosa solo invirtiendo valores, sin diferenciarse en las herramientas que critica pero utiliza en su provecho.

Entre los liberales predominan las ideas de religiosidad o trascendencia como algo propio de un pasado mitológico, opresivo por naturaleza porque somete la voluntad del individuo a algo superior y, en algo que coincide con la izquierda una vez más, acusa estas ideas de ser fruto de la ignorancia y promover la violencia.

Las objeciones que se le presentan como que las guerras y las matanzas han sido iguales o mayores entre Estados ateos o laico no hacen mella en sus pensamientos, al igual que el hecho histórico de que durante la historia la ciencia y las casas de altos estudios fueron promovidas casi exclusivamente por las grandes religiones y que muchas teorías que hoy que se utilizan para sustentar su posición de ridiculizar las ideas deístas, como es la Teoría del Big Bang fue ideada por un sacerdote católico y astrónomo belga llamado George Lamaître en 1927, provienen de ámbitos religiosos.

Estas asombrosas coincidencias no pueden menos que ir de la mano con la cuestión del hedonismo, del que podemos encontrar dos acepciones primarias en la que identifica el bien con el placer sensorial e inmediato en todos los ámbitos de la vida. Nada más apto para complementar una trilogía con el individualismo y el materialismo, es una consecuencia lógica y natural.

Sin reglas éticas ni morales, sin más límites para pensar en el otro que solo no dañarlo, sin más ideas de deberes o responsabilidades ante algo superior, sin más ambiciones que lo material que nos rodea y sin más contenciones que las que marca el propio individuo, la izquierda progresista y la derecha liberal nuevamente se dan la mano.

No importan entonces los debates sobre el papel del Estado como regulador o actor en la economía, no es más que una pátina de disenso para que ambos sectores puedan verse como alternativas enfrentadas mientras siembran las ideas necesarias para que se acepte un nuevo modelo mundial. No lo son, son hijos del mismo padre, ambas corrientes responden a similares valores y más allá de estas diferencias enunciadas superficiales, cuando llegan al poder vemos que son cuasi irrelevantes sus programas de gobierno, porque los planes económicos terminan siendo indiferenciables.

No por casualidad la posición cultural de la izquierda y el progresismo es financiada por las grandes corporaciones, quienes ya han dado un paso más y no solo aportan fondos con sus fundaciones o ponen a su disposición los organismos internacionales comerciales, financieros y de salud bajo su control, ahora ya podemos ver publicidades apuntadas al consumo masivo que muestran una nueva “normalidad”. No hay forma alguna de comprender que una publicidad para un producto de consumo masivo se apunte a una minoría muy pequeña y desafía las creencias de las mayorías, esta lógica no puede responder a una estrategia de marketing para ganar más consumidores, ni aun siendo flexibles se puede pensar que la asociación de la marca con grupos minoritarios pueda servir para darle algún tipo de prestigio y que los consumidores busquen comprar esos productos para identificarse con algo que no aprueban.

Lo que vemos entonces es que la izquierda y la derecha han sido las dos ideologías necesarias para imponer una visión única, por ambos caminos se llega al mismo lugar: individualismo, materialismo y hedonismo, las bases necesarias para la aceptación del globalismo financiero que barre con la identidad de los pueblos y las reemplaza por una identidad global y permeable a que luego esto mismo se refleje en un modelo económico.

Lo que vemos ahora en disputa es un modelo cultural, la famosa batalla de ideas, que enfrenta a dos posiciones, aparentemente diferentes entre sí en muchas cuestiones como es el caso de los modelos políticos y socioeconómicos, pero que en definitiva tienen una base civilizatoria similar, aun incluyendo el comunismo chino porque toma patrones culturales de su historia, ya no es el de la Revolución Cultural sino el que abreva en sus tradiciones milenarias.

Puede gustarnos o no, pero lo que se concibe en buena medida como totalitarismo comunista en realidad es fruto del confucionismo que da pautas de conductas y de respeto a las jerarquías y autoridades. No es muy desacertado lo que algunos autores sinólogos dicen cuando asocian al PC chino a las dinastías imperiales, las bases son parecidas. El respeto a la tradición, a historia, a los antepasados, a la Nación, a la lengua, al territorio, no son ideas propias del marxismo leninismo sino del nacionalismo en China y en cualquier parte.

La religión en China también existe, es algo importante a remarcar, la visión eurocéntrica nos hace pensar que las religiones son las que conocemos y que el marxismo no acepta más que el ateísmo. Cuando uno intenta conocer países como Vietnam o China, debe saber que el pensamiento místico está muy presente, la idea de Dios es diferente a la Occidental, pero la creencia en algo sobrenatural está viva en el día a día.

Funcionarios de los PC de cada nación y miembros del Estado tienen creencias místicas, y más aún, chamanes tienen representación parlamentaria. Es un error creer que China es atea, lo puede ser formalmente en sus autoridades, pero la realidad es otra y la religión está más presente que en la Europa actual, sin dudas.

La versión china del socialismo es muy sui generis, y de allí que coincide con los patrones que impulsan Trump y Putin. Una vez más debemos ver el bosque y no el árbol, los puntos señalados son comunes a los tres a pesar de sus historias y modelos socioeconómicos.

Las diferencias responden a que mientras EE.UU. tiene dos siglos y medio de existencia, Rusia tiene más de un milenio y China cinco. La densidad cultural de cada uno es muy distinta, pero el modelo de preservar cada nación es común y las ideas son mucho más cercanas entre sí que aquellas que impulsa el globalismo financiero.

En Rusia y China la lucha interna entre nacionalistas y globalistas financieros existe y es fuerte, pero la base cultural de una civilización histórica hace que las ideas globalistas tengan muchas dificultades en penetrar en las sociedades, pero en EE.UU. la disputa entre ambos modelos es mucho más parejas y debido a la importancia del país, hacia dónde se incline determinará una resolución pacífica o bélica de los modelos enfrentados que estamos viendo.

El individualismo, materialismo y hedonismo son propias del globalismo financiero que es el heredero de la evolución de las ideas del iluminismo, es el que descree de la Patria, de la Tradición, de la Religión y de la Lengua, los cuatro pilares sobre los que se basa una nación y que son reivindicados por sus enemigos.

Estos son los modelos en disputa, y del resultado del enfrentamiento entre estos polos surgirá el nuevo modelo que nos llegará. En la Argentina tenemos una particular tendencia a sentirnos parte del modelo triunfante, así que lo que pase externamente tendrá un peso decisivo en lo interno, aun cuando nuestras clases dirigentes lo ignoren.

Analista Geopolítico
Autor de los libros:
«Cómo Putin puso de pie a Rusia
Historia, tradición, pensamiento y orgullo para unir una nación».

«De la geopolítica clásica a la geopolítica moderna:
El pensamiento de Mohammad Farhad Koleini».

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