Argentina y la reconfiguración global

Por Marcelo Ramírez

La pandemia de covid-19 comienza a mostrar su verdadera naturaleza sanitaria multiplicándose los casos en el mundo a una velocidad impactante y haciendo estallar los sistemas sanitarios de los principales países del mundo.

Hoy vemos como la orgullosa NYC colapsa ante el virus y necesita utilizar camiones frigoríficos para las víctimas, las naciones europeas más poderosas como el Reino Unido y Francia se desbordan siguiendo los pasos de España e Italia.

Suecia, el ejemplo constante de un Estado eficiente y con alta calidad de vida ha seguido una política ausente que ya sentó las bases para que Estocolmo en los próximos días se vea sobrepasada en su capacidad de tratamientos de enfermos críticos.

Los países comienzan a competir entre sí por los insumos médicos robándose directamente las cargas transportadas, pagando sobreprecios grotescos que multiplican por 5 o 10 el valor de las mascarillas de uso médico y la ONU revela que es hoy apenas una figura decorativa sin voz ni voto para imponer nada, el mundo se está transformando en un sitio de competencia feroz entre naciones asustadas que hasta hace poco día eran socios y aliados.

Como es esperable la crisis comienza a hacer una distinción entre países ricos que pueden obtener recursos sanitarios por diferentes métodos coercitivos y otros que solo pueden mirar la situación impotentes, un claro mensaje para aquellos que creen que confiar en el derecho internacional es suficiente para imponer criterios propios en base a un hipotético orden que ya anteriormente apenas tenía incidencia, pero que ahora ha desnudado su naturaleza real donde el poder depende de la fuerza de cada nación.

No disponer de una organización militar suficientemente poderosa para detallar atropellos contra la propia soberanía se puede pagar muy caro y quienes apoyaban la idea de que contar con FFAA propias era irrelevante, hoy quedan expuestos. 

Dentro de las mismas naciones poderosas como EE.UU. las desigualdades sociales han mostrado una brecha entre los pobres sin accesos a condiciones de vida de buena calidad y el resto, lo que se refleja en que negros y latinoamericanos migrantes se llevan la peor parte. Se confirman entonces las desigualdades en torno a quien tiene dinero y quien no y desaparecen las ideas artificiales que ven la opresión como parte de un patriarcado inexistente, la ideología de género en que se han basado ha sufrido un golpe demoledor apareciendo como algo impuesto por el propio poder para esconder los problemas reales que con la pandemia se hicieron evidente.

Nadie hoy se interesa por el machismo, el techo de cristal o la falsa brecha salarial, excepto los profesionales del tema que ven cómo su futuro empieza a desdibujarse bajo el peso de la realidad.

La caída de la base ideológica del progresismo occidental hace visible que su verdadera naturaleza era ser una cobertura del poder real basado en el dinero para que la atención y la rebeldía se enfoquen hacia temas inofensivos para quienes financiaron el proceso.

Esto es apenas el comienzo de la pandemia porque hasta ahora ha afectado los países más ricos y recién ahora comienza una segunda etapa donde aterriza en los países menos desarrollados y con vulnerabilidades estructurales complejas con amplias capas de la población con sistemas sanitarios precarios, mala alimentación y condiciones de habitabilidad deficientes.

Indudablemente el virus ha puesto en la superficie una serie de carencias y contradicciones de una estructura mundial injusta.

Las respuestas económicas de quienes están en el Poder han sido dispares. Ha resultado sorpresivos países con esquemas muy liberales como EE.UU. y otros pregoneros del laissez faire, laissez passer están mostrando un vuelco notable y junto con Japón y Alemania sean quienes más han invertido en programas de ayuda a la economía, olvidándose del déficit comercial, en un notable contraste con muchos progresistas que hoy se escudan en el empleo de políticas de género mientras aplican una ortodoxia en lo económico.

Una vez más vemos la naturaleza real de las ideologías y de las naciones, las que se han desarrollado con un importante papel del Estado y luego impusieron a libremercado, en la crisis vuelven a su origen. Si alguna vez patearon la escalera y no nos dimos cuenta, es hora de que esta vez prestemos más atención a lo que hacen y no lo que dicen que hacen.

La realidad hoy expone algo simple, independientemente de que haya introducido el virus o no, el cambio mundial está en marcha. Los argumentos de quienes minimizaron lo sucedido se van cayendo día a día, el virus se muestra letal, los cadáveres aparecen, la ciencia no da respuestas a la altura necesaria y la economía se desploma.

El mundo cambiará forzadamente, no hay cadenas de pagos que no se puedan mantener en estas condiciones, las deudas serán impagables y alcanzarán a la mayor parte del mundo, la burbuja financiera que antes era impagable ahora ya escapa a toda lógica y vemos cómo hasta los liberales comienzan a reclamar que el Estado solucione el problema.

La idea de que en una crisis los más poderosos y con capacidad de compra por disponer de capitales se beneficiarán más, es una apuesta conservadora basada en experiencia previas, pero en lo que tiene que ver con el futuro, no podemos descartar que el cambio sea tan profundo que la mudanza de costumbres posterior a la crisis nos lleve a un mundo de otros valores y que ser propietarios de una marca de ropa deportiva basada en el marketing de atletas profesionales multimillonarias, tal vez en un futuro ya no represente ganancias como presentaron hasta ahora. 

El propio Donald Trump ya ha perdido más de mil millones de dólares por sus inversiones inmobiliarias. El cambio será de tal magnitud con la consolidación del teletrabajo, que complejos de oficinas deberán ser reciclados o abandonados probablemente. Hoy ir a la oficina implica una pérdida de tiempo en viajes y gastos en comidas adicionales en muchos trabajadores y para la empresa un costo que se puede ahorrar en oficinas que significan alquileres, servicios, mantenimientos, etc.

¿Cuál será el futuro de los malls, nuestros shoppings, cuando las costumbres hacia la compra on-line, que ya crecían con más fuerza, se consoliden como una realidad empujadas por el aislamiento?

Hoy nos parece casi imposible, pero sin embargo podemos ver como enormes galpones y edificios industriales símbolos de una época en el pasado fueron abandonados durante décadas cuando cambiaron las condiciones de producción y hoy muchos se han transformado años después en viviendas de moda. Hace un siglo esto que hoy vemos hubiera parecido demencial, altamente improbable, y sin embargo se produjo.

En este momento se sopesan las empresas en función de su performance en el mundo pasado, pero no podemos saber cómo el cambio incidirá en cuestiones básicas y lo que hoy es importante, tal vez mañana ya no lo sea.

Un tema que será central en este proceso es la profundización de los avances de la tecnología montada en la Inteligencia Artificial que acelerará los cambios. Un proceso que duraría décadas hoy se dará en pocos años por una nueva realidad que forzará soluciones con la menor intervención humana posible. 

Los países como India que frenaban la introducción de tecnología de punta en la producción porque necesitaban generar 10 millones de nuevos puestos al año en el mercado laboral, deberán buscar la forma de dar de comer a sus poblaciones. Al no haber trabajo por la pandemia y no poderse establecer la intervención humana, el automatismo crecerá y se deberá buscar repartir de alguna manera los beneficios económicos del país para que la población pueda subsistir. La idea de una renta universal que ya se venía testeando en algunos países, se mostrará como solución obligada para la supervivencia

La profundidad de la emergencia por la pandemia será determinante, si esto en un mes pasa y se retoma la vida anterior, los cambios se demorarán, aunque el quiebre financiero ya es un hecho, es probable que se intente retomar el modelo vigente hasta hoy.

Sin embargo, si la crisis se extiende un año, una situación que no debería asombrar cuando nos encontramos hasta ahora en medio de la nada, sin soluciones, sin medicamentos fiables, sin vacunas a la vista y con un registro histórico que habla de dos y tres olas sucesivas, y en algunas oportunidades más potentes que la primera, los cambios pueden ser más profundos que los esperados hoy.

La imaginación es la clave, y la preparación para futuros escenarios, de cambio relativamente lento con crisis financiera y consecuencias económicas severas o de cambio sistémico fruto de la introducción de nuevas tecnologías hoy utilizadas para mantener la tasa de empleo en valores tolerables socialmente.

Las medidas que se están tomando en la Argentina parece que no se basan en una lectura correcta de la sociedad y del problema que estamos viviendo acompañadas de una escasa imaginación para ver cuál será el futuro mundial. 

La población se ha quedado sin ingresos y nadie va a tomar un crédito a una tasa del 24% para pagar sueldos, ningún banco va a prestarle plata a una empresa que no puede pagar sueldos, es ilógico que el Estado pretenda cobrar un monotributo a quien no puede trabajar, simular ayudas mientras en la letra chica se ponen mil excusas para no brindar la ayuda prometida, refinanciar tarjetas de crédito, último salvavidas disponible para millones sal 65% anual de tasa efectiva. Esto no puede explicarse sino a través de una profunda incomprensión de lo que se está viviendo y de lo que se vivirá en un tutor cercano.

Esto es proceso inexorable, los cambios se producirán con o sin el beneplácito del poder político y a esa altura del partido, de buena parte inclusive del poder económico. Fingir tener la situación bajo control, aparentar que se toman medidas, idear soluciones a mediano plazo o largo plazo cuando la necesidad es poner el pan en el hogar de los argentinos ahora mismo, ya, demuestra la incapacidad de comprender la magnitud de la crisis y la falta de preparación de quienes hoy están tomando las medidas.

El silencio de la oposición liberal también demuestra el desconcierto, esperando que pase la tormenta para sacar la cabeza. ¿Y la Izquierda? Nada, no aporta soluciones, no propone nada innovador y solo ratifica su liviandad política. 

En este estado de cosas se deben terminar las ficciones y comprender que se necesita en primer lugar, producir bienes y servicios indispensables mientras todo lo no esencial debe esperar para cortar la cadena de contagios. 

Tratar de ignorar un virus que ha llegado a países del Primer Mundo amenazando con un cambio geopolítico mundial, forzando a las naciones díscolas a frenar su actividad a retroceder con un costal con miles de muertos sobre su espalda, demuestra la seriedad del tema. No hay alternativas, mantener lo indispensable funcionando y el resto a resguardo esperando que los vientos cambien.

Control de daños y prepararse para un mundo diferente donde se apreciará quien produzca cosas tangibles como lo alimento o los minerales, lo que dará una excelente oportunidad si se actúa con inteligencia y patriotismo.

Países que hoy viven del turismo, de las finanzas, de la especulación se verán en serias dificultades para afrontar el mundo futuro. El modelo globalista probablemente no volverá y el modelo aislacionista prevalecerá, los países buscarán ser autosuficientes y buscarán obtener lo que no necesitan en el exterior.

Este modelo tiene ciertas reminiscencias de la II Guerra Mundial y la posguerra inmediata, cuando las condiciones permitieron una industrialización. Salvando las distancias dadas por otra tecnología, aparecen en el horizonte algunas oportunidades para una inserción mejor a la actual, un mundo que se reconfiguran siempre dará más posibilidades a la Argentina.

Es un error creer que España, por ejemplo, tiene más espaldas que la Argentina. España es un país que vive del turismo (casi 100 mil millones de euros de su PBI provienen de allí), tiene poca producción de alimentos, mucha orientación a la exportación, empresas en países que la crisis afectará mucho y carece de moneda propia que le impide manejar su competitividad.

Argentina puede tener una gran posibilidad si consigue un liderazgo político que comprenda el juego.

Marcelo Ramírez

Analista Geopolítico

Autor de los libros:
«Cómo Putin puso de pie a Rusia Historia, tradición, pensamiento y orgullo para unir una nación».

·De la geopolítica clásica a la geopolítica moderna: El pensamiento de Mohammad Farhad Koleini».

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