Consideraciones sobre el mundo que llega

Por Marcelo Ramírez

El dogmatismo ideológico de los economistas liberales que vemos en los pronósticos que comienzan a hacer en los medios es sinceramente digno de elogio, porque por más que vean como se derrumba todo a su alrededor y el sistema colapsa, ignoran la realidad y de una u otra manera, algunos con ciertas reservas y otros con un negacionismo exasperante, intentan moverse dentro de un esquema que se ha derrumbado y no lo notan.

Esto sería un tema secundario de contar con estadistas que tengan claro el modelo de país post pandemia, pero lamentablemente no lo hay, sino que la mayor parte de la clase política se mantiene en silencio no comprendiendo que está sucediendo.

Esto no debería sorprendernos cuando hasta hace unos días atrás teníamos universidades, medios y políticos enfocados a señalar el aborto como principal tema de Salud Pública, el lenguaje inclusivo como forma de promover la igualdad y la lucha contra el patriarcado como máxima política.

Las clases dirigentes de nuestro país, no solo políticas, solo se enfocaban en estos temas mientras el país estaba sumido en el paráte económico y una deuda impagable. La llegada de la pandemia desnudó la estupidez generalizada y la puso en su lugar en un pestañeo.

Entonces, huérfanos de ideas solo nos queda pensar a nosotros como sociedad.

¿Qué podemos esperar de lo que dejará esta enfermedad en términos profundos? Observando la realidad y atando algunos cabos ya podemos ver el mundo que comienza a perfilarse, y que no necesariamente será mejor o peor, pero sí sustancialmente será distinto y determinará que políticas serán las más aconsejables: 

Muchos trabajos se pueden realizar perfectamente desde su casa con una computadora, por lo que es de esperarse que esta cuestión, hoy forzada, demuestre sus ventajas sobre lo tradicional y se instale como una forma permanente, tal vez combinada con esporádicas ocasiones presenciales. 

Un ejemplo que podemos observar es el de la educación, algo que venía muy retrasado en nuestro país y que hoy obligado por las circunstancias se efectúa desde programas como Google Classroom.

Estas modalidades optimizarán el trabajo de profesores “taxis” que ya no necesitarán múltiples traslados diarios. La docencia presencial se dará en determinadas actividades la hagan imprescindible.

Esta nueva modalidad, que en realidad ya existe pero está subutilizada, permitirá llegar con programas educativos a lugares remotos y reducirá drásticamente los recursos utilizados con un significativo ahorro de tiempo y dinero empleado en los traslados masivos diarios de millones de personas. Un tema adicional es la reducción del impacto medioambiental por el uso intensivo del transporte y el ahorro en combustibles y energía.

Este proceso que ya se había sido frenado abruptamente con la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE.UU., dará paso a un modelo en que los Estados privilegiarán su producción y las cadenas de valor se integrarán con otra lógica.

La necesidad de sobrevivir al impacto del virus hará que se tomen decisiones políticas en ese sentido si es que quieren recomponer las maltrechas economías.

Esto lo estamos viendo en muchos países que siguen el modelo que ha puesto en marcha Putin en Rusia buscando resaltar las cuestiones nacionales.

Como en su momento el globalismo financiero impuso exitosamente en Occidente el concepto del «ciudadano global»  con su correlato de políticas de género e identitarias  muchas veces contradictorias entre sí, con el propósito de potenciar una sociedad individualista, materialista y hedonista que permitiera consolidar el cambio mundial hacia un mundo controlado por las corporaciones y el capital financiero, hoy los Estados que quieran sobrevivir deberán desmantelar estas políticas y reemplazarlas por otras que resalten los valores necesarios para construir un modelo económico con mayor grado de independencia y que privilegie la producción por encima de la especulación financiera.

Por ello lo que veremos será un resurgir de políticas de corte nacionalistas que intentan rescatar la idea de trascendencia y que destaquen lo comunitario sobre lo individual, lo espiritual sobre material y los valores profundos y permanentes por sobre el hedonismo actual.

Además del cambio de modelo mencionado, un mundo interconectado y con más de 7.5 mil millones de habitantes es permeable a que un virus o una bacteria de origen natural o generada en un laboratorio que puede estar en manos de cualquier nación o grupo, desate un caos como el que estamos viviendo.

Como en su momento se advertía que una epidemia a escala planetaria iba a llegar en algún momento, es inevitable la repetición de este hecho en otra oportunidad, por lo que hay determinadas industrias indispensables que no se pueden detener como es la de alimentación, energía o sanidad. 

Por ello es esperable que se pongan en marcha procesos de automatización mayor que funcionen en épocas de crisis, procesos que además darán autonomía a los Estados ante cualquier situación imprevista, sea del origen que sea.

Un Embajador de la India alguna vez nos dijo que su país tenía tecnologías avanzadas que le permitirían optimizar su producción, pero no las podían implementar porque su país incorpora al mercado laboral 10 millones de individuos al año y que puedan tener trabajo es prioritario, todo un ejemplo de lo que está sucediendo y que se replica en los países desarrollados que tienen burocracias estatales y privadas innecesarias pero que mantienen con el objetivo de contención social creando trabajos innecesarios desde el punto de vista de la producción real.

Sin embargo, vemos varios fenómenos que contradicen esta idea:

Las condiciones que hoy se dan hacen que sea necesaria una asignación universal, que sea simple de aplicar y transparente, redistribuyendo la riqueza que genera la tecnología y liberando a ésta última. 

Esta asignación debería cubrir los requerimientos mínimos en una vida moderna y dejará libre a quien quiera y pueda trabajar para obtener otras cuestiones no básicas. Si bien las desigualdades sociales seguirán existiendo, amortiguarán las tensiones sociales y el impacto fiscal tan temido. Si se combina con la multitud de planes existentes, a lo que podemos sumar jubilaciones y pensiones, más la introducción de nuevas tecnologías y el ahorro en burocracia, no parece una meta inalcanzable.

Esto además eliminará las tensiones entre sectores de clases medias y pobres porque el modelo actual de concentración empobrece a los primeros porque a los segundos ya no tienen que sacarles y debe darles algo para mantener la paz social. El dinero será el mismo para todos.

En necesario rápidamente construir FFAA aptas para garantizar la defensa territorial bajo un concepto moderno de guerras híbridas o irrestrictas, una situación hoy absolutamente ignorada por la clase política que tiene en mente un modelo de Defensa propio del siglo XIX.

Esta situación se agrava debido a la ambición por los recursos naturales y alimentos de nuestro país, la extensión de la plataforma marítima y su situación estratégica en el paso bioceánico junto a la proyección hacia la Antártida, hechos que hacen imperioso contar con un sistema de defensa apto y con un marco de alianzas internacionales que permita una política soberana.

En base a este tipo consideraciones debemos pensar el mundo que llega y la mejor forma de incorporarnos a él. No es un tema menor, es una cuestión de supervivencia como nación.

Marcelo Ramírez
Analista Geopolítico Autor de los libros:

«Cómo Putin puso de pie a Rusia Historia, tradición, pensamiento y orgullo para unir una nación».

«De la geopolítica clásica a la geopolítica moderna: El pensamiento de Mohammad Farhad Koleini».

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