Entre la experiencia coreana y la guerra biológica

Por Marcelo Ramírez

La experiencia coreana ha sido muy exitosa pero a la vez es demasiado lejana en término de cada sociedad para ser extrapolable a la Argentina, los coreanos son disciplinados, jerárquicos, comunitarios y nacionalistas, la Argentina tenía algunas de esas características que fueron demolidas pacientemente por la propagación de un virus dañino como fue el del progresismo que con sus ideas de un mundo sin fronteras, es decir, sin naciones, y con una pensamiento exclusivamente centrado en los ”derechos” y no en la solidaridad, desgastó nuestra sociedad, especialmente en las grandes urbes.

Eso último, la reivindicación de “derechos” tiene escondida una trampa dentro suyo que es resaltar la voluntad individual por sobre los intereses comunitarios. No es casualidad entonces que los derechos de las minorías se hayan exacerbado a tal punto que se han colocado por encima de los intereses de la sociedad y los propios derechos de las mayorías.

Hoy vemos las consecuencias de ello, mientras los coreanos se han mostrado solidarios y respetuosos de las indicaciones de aislamiento, los argentinos se han manifestado como egoístas en una buena proporción.

Esto es algo que escapa a la cuestión ideológica porque estas ideas han penetrado en la porosidad social y abarca desde el individualismo liberal, que ya con el conocimiento de la necesidad de no difundir el virus por todo el territorio no vacilaron en irse a lugares de veraneo o a pasar el día en espacios al aire libre, hasta el progresismo bobo que insistió en no prepararse para la pandemia simplemente porque sus ideales políticos los llevaban a pensar que el aborto era la principal preocupación sanitaria, a pesar de sus números extremadamente bajos.

Más aún, cuando ya era evidente la inconveniencia de realizar aglomeraciones, pisaron las noticias en los medios que controlan, que son casi todos, para no entorpecer la ya de por sí alicaída concurrencia al 9M. Lo mismo que en España ya se sabe que fue una gigantesca forma de propagar el virus.

Por ello, las recetas foráneas sirven desde una conclusión elemental, el virus circula, mata, afecta jóvenes y niños y no hay cura, solo tratamientos paliativos que se desbordan cuando se multiplican los casos. Los ancianos y personas con patologías de base resultan con menos chances de sobrevivir.

Por ese motivo es importante saber que solo el aislamiento es una solución para evitar la propagación y las muertes, las disquisiciones filosóficas tan afectas a los representantes de la Facultad de Sociología deberán esperar otros tiempos para insistir con sus metáforas inconducentes y sus interpretaciones caprichosas de los acontecimientos.

El neoliberalismo mata porque la población está desnutrida y la sanidad es precaria, pero el tratamiento necesario es de corte militarista, no hay espacio para que el individualismo que mencionamos decida si se pone en cuarentena o no.

De la experiencia coreana podemos sacar algunas conclusiones, dividir la concurrencia a los lugares de abastecimiento según el DNI, por ejemplo, es una alternativa interesante de analizar. pero otras experiencias son tardías para nosotros.

La descentralización de los centros de análisis ellos la hicieron durante un lustro previendo la posibilidad de una epidemia y en base a sus experiencias previas, mientras tanto en nuestras tierras el macrismo cerraba hospitales porque los había inaugurado la gestión anterior y la nueva administración minimizaba el virus por las anteojeras de género que tiene. Recién hace una semana se anunció la descentralización del Malbrán, y aún esperamos.

China a principios de enero informaba de lo que sucedía, la OMS advertía y acá Ginés minimizaba la importancia con su reconocida frase que aseguraba el 23 de enero que “el virus no llegará a la Argentina”.

¿Qué hacer ahora? Hay algunas cuestiones no tangibles pero trascendentes sobre qué podemos trabajar, dejar de lado los prejuicios ideológicos y apelar a las pocas cosas que nos unen, o al menos lo hacían hasta que las nuevas ideologías comenzaron a minar la idea de patriotismo como algo negativo.

Ahora vemos que los coreanos, los chinos, los rusos, los iraníes o los cubanos han sobrevivido por su nacionalismo que les dio identidad y fuerza. La tradición cultural ha sido otra pata básica por su capacidad de transmisión de experiencias históricas en sociedades donde no se “empodera” a alguien de 19 años por su edad sino todo lo contrario, se busca la experiencia.

No es aceptable que la TV Pública ponga al aire en medio de la pandemia un programa sobre género conducido por Luciana Peker y Darío Z., parece un tema menor, pero es todo un símbolo de lo que está pasando. Cada espacio debería ser usado para concientizar a la sociedad de lo que debe hacer ante la pandemia, sin embargo, se impone la ideología de género. Tal vez algo que cuando lo señalamos como una ideología peligrosa resultaba en que muchos no lo entendían, ahora empezamos a ver su capacidad destructiva real.

Un ataque frontal sufrió las tradiciones, que fueron acusadas de retrógradas, machistas y opresoras, pero ahora aparecen como indispensables. Dentro de las tradiciones está la religión organizada e histórica, que es algo que en estos tiempos de catástrofes da esperanza, traza un marco moral y tiene capacidad de unidad. No importa si se es católico, evangélico, ateo, musulmán o agnóstico, la importancia radica en la transmisión cultural intergeneracional que reafirma una identidad que en tiempos de crisis es importante para salir adelante.

Por si esta situación pareciera poco, las sospechas de que esto es el resultado de un ataque biológico del Deep State de EE.UU. contra sus enemigos externos e internos cobra fuerza. 

Igor Nikulin, un ex miembro de la Comisión de Armas Biológicas y Químicas de la ONU, señaló al medio ruso de PolitRussia que en el 2015 la revista Nature publicó que un laboratorio en el Fort Detrick en EE.UU. se realizó un experimento exitoso para modificar el coronavirus del murciélago chino para que ingrese en las células humanas sin contacto directo con el animal.

El mismo experto explica que el ex viceministro de Defensa de Alemania Willy Wimmer aseguró que los estadounidenses patentaron este coronavirus y ahora, voluntaria o involuntariamente, fue liberado.

Sigue Nikulin diciendo que el 5 de agosto del año pasado, aproximadamente, el New York Times informó que por razones de seguridad Fort Detrick fue cerrado. Lo más sugestivo es que el mismo diario neoyorquino publicaba que el día 31 de agosto surgió una extraña epidemia en los Estados Unidos con 215 pacientes y en menos de dos semanas, Donald Trump convocó una reunión sobre este tema cuando ya era más de 500 casos. Varias personas, incluidos miembros del Ejército de los EE. UU., murieron.

A finales de octubre se celebraron los Juegos de la Guerra Mundial en Wuhan donde participaron 200 militares estadounidenses, el primer paciente en Wuhan fue descubierto el 17 de noviembre al final del período de incubación si el contagio fue durante a la estadía de las tropas del país americano. 

Nikulin remata diciendo que todo parece muy lógico porque en esta versión ni siquiera hay una teoría de la conspiración porque los datos son públicos

Así las cosas, con acusaciones cruzadas entre las grandes potencias, el Deep State ligado al globalismo financiero a la defensiva por la presencia de Trump en su país y el crecimiento de China imparable, es sospechoso de haber decidido una medida extrema.

Y allí toman sentido las palabras de Putin, quien a fin de año dedicó varias conferencias y discursos a explicar que Rusia había desarrollado armas que le garantizaban protección ante cualquier amenaza y que tenía armas aún secretas de mayor poderío. Este bien podría ser el mensaje hacia quienes en esta hipótesis estaban detrás de la epidemia de covid-19.

No es de extrañar entonces la insistencia de China en quien introdujo el virus: “ Podría haber sido el ejército estadounidense quien trajo la epidemia a Wuhan», manifestó Zhao Lijian, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, el 12 de marzo.

Esta hipótesis complementa la otra que hemos expresado en la nota anterior. En ambas situaciones el curso de los acontecimientos es claro, el mundo que conocemos cambió, la globalización murió, el Estado argentino debe actuar en forma urgente y decidida porque estamos en lo que parece ser el inicio de una guerra bacteriológica detonada para evitar el colapso previsible de la hegemonía globalista financiera y no hay espacio para indecisiones o tibiezas.

Es urgente que llegue a la población un mensaje de patriotismo que permita ver que se ha comprendido el cambio planetario, olvidarse de la deuda y los conceptos liberales de la economía.

En estos mismos momentos vemos que aparecen especialistas, economistas y “opinólogos” varios que advierten sobre las consecuencias de descontrolar la situación económica según sus ideas y explican que la Argentina no tiene dinero para amortiguar el impacto como los hacen todas las acciones importantes en el mundo.

Eso es una falsedad porque ahora se necesitan los bienes tangibles y el dinero permite la circulación, por eso se necesita lubricar el sistema económico. No hay espacio para libremercado que fije precios, es necesario un proyecto donde se le ponga dinero en el bolsillo a la gente y coto a los especuladores.

Necesitamos un replanteo urgente de la situación, no podemos seguir con la política neoliberal en lo económico y progresista en lo cultural. No podemos saber en realidad de donde salió el virus, pero si podemos empezar a ver las consecuencias y debemos entender la gravedad del caso.

Además de las medidas económicas y sanitarias debemos reconstruir la identidad nacional, buscar los factores que nos unen como nación, encolumnar las minorías ruidosas detrás de los intereses y costumbres de las mayorías, respetando sus derechos, pero no modificando nuestra identidad según sus intereses.

Vladimir Putin puso de pie a Rusia a partir de un programa similar, su país a fines del siglo pasado estaba en una situación bastante peor que la nuestra hoy, sus divisiones eran más profundas y marcadas, la caída mucho más abrupta, el modelo de reconstrucción nacional y social debe analizar en detalle esa experiencia.

La sociedad rusa tiene muchos más parecidos a la nuestra que la coreana, la diferencia es que su experiencia historia le ha dado las herramientas para entender que era beneficioso para su nación y que no.

Marcelo Ramírez
Analista Geopolítico Autor de los libros:

«Cómo Putin puso de pie a Rusia Historia, tradición, pensamiento y orgullo para unir una nación».

«De la geopolítica clásica a la geopolítica moderna: El pensamiento de Mohammad Farhad Koleini».

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