El covid-19 y la reconfiguración de las relaciones de Poder.

Foto GlobalResearch

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Por Marcelo Ramírez

La pandemia del Covid-19 ha conseguido paralizar la economía a nivel mundial, y esto lo ha hecho siendo apenas una amenaza potencial porque los poco más de 7 mil casos globales mortales, al momento de escribir esta nota, no son significativos estadísticamente, demuestran la enorme fragilidad del sistema en que vivimos.

Cualquier nación, inclusive cualquier grupo terrorista tiene el potencial de generar una pandemia y paralizar el funcionamiento global. Resulta una verdad de Perogrullo que tenemos que reconsiderar la forma de nuestras relaciones de producción.

En tiempos normales ya vimos que la presión de las nuevas tecnologías y la Inteligencia Artificial invaden todas las profesiones y resulta utópico pensar que nuevas profesiones que aún no fueron pensadas reemplazarán las anteriores, algo que sucede nada más que a cuentagotas.

Los economistas, que con pocas excepciones se destacan por solo encontrar las soluciones dentro de una marco acotado y previo, sin imaginación ante nuevos fenómenos, dan esperanzas vacuas.

Una prueba de ello es que negaron que China pudiera rivalizar con EE.UU., les parecía inimaginable que el dólar pierda su protagonismo, que EE.UU. pierda en el terreno de patentamientos o de tecnología con China y todo eso está sucediendo. Simplemente fueron educados para ver un EE.UU, como una potencia hegemónica que cristaliza la historia, desconociendo que Imperios más poderosos y de existencia mucho más prolongada terminaron cayendo.

Pocas personas alcanzan a ver los cambios de época, las mutaciones profundas.

El mundo marcha hacia un proceso de excedentes de mano de obra que desde la lógica capitalista se soluciona con un brutal ajuste eliminando los excedentes. El cambio es basal, profundo, estructural y de tal magnitud que será más profundo inclusive que el paso de la época feudal al capitalista porque no solo cambiarán las formas productivas basadas en el trabajo, cambiará el concepto del trabajo en sí.

Quienes han resultado relativamente prósperos en un sistema como hoy resulta un economista exitoso o un político importante, se resiste inconscientemente a que el mundo que conoce y que le dio una posición de privilegio desaparezca.

Entonces nos topamos con una resistencia de intelectuales que hoy son quienes generan el sentido común en el sistema, muy pocos de este granado círculo se atreven a mirar fuera del marco conceptual en que vivieron, más aún, muchos no lo pueden imaginar ni están dispuestos a ser señalados por sus pares como alguien irresponsable, carente de rigor.

Pero a la voluntad de los individuos, esto es lo que sucede con la evolución natural del sistema. Cuando una nueva tecnología irrumpe se la puede detener por fracciones de tiempo, pero de ninguna manera eternamente, esa tecnología se terminará imponiendo y eso es lo que vivimos hoy.

China paralizó el país por un tiempo relativamente corto, marcó un hito demostrando que se puede hacer trabajo en el hogar que se traduce en menos desplazamientos, optimización del tiempo, menos contaminación y una serie de beneficios que una vez comprobados, serán un factor de presión para acelerar el cambio.

Esto sucederá en el futuro próximo nos guste o no, lo imaginemos o no, es una dinámica imparable que se ha acelerado por la pandemia.

Saber entonces si el virus es autóctono de la ciudad de Wuchan o si fue introducido por las fuerzas militares de EE.UU. como resultado del covid-19 que circula mezclado con la gripe estacional y no fue detectado, si fue adrede o en forma involuntaria, escapa al objetivo de estas líneas, lo importante son las consecuencias que estamos viviendo y que parecen decisivas para funcionar como el catalizador de un proceso ya en marcha, en primer lugar en el fin del globalismo como pensó y el avance del proteccionismo económico montado en las consecuencias del Covid-19.

La actual crisis dará herramientas importantes para el diseño futuro de un modelo social de reparto de utilidades generadas por la propia tecnología sin o con escasa intervención humana.

Este modelo social es la única opción viable ante el futuro mediato, pasando en primer lugar por una etapa de coexistencia con el modelo actual para desembocar en una universalización del ingreso básico que garantice techo, salud y alimentación. 

El capitalismo como hoy lo conocemos ha cumplido ya su ciclo histórico, independientemente de si es justo o no, lo poco racional de un sistema donde el temor o la especulación crea burbujas de ganancias siderales o quiebras ilógicas, un sistema donde operaciones de microsegundos basadas en algoritmos que detectan subas o bajas en las cotizaciones han generado enormes ganancias a especuladores, no pueden ser bases para la estructura socio-productiva de la humanidad.

Pero aún si estas razones son insuficientes para cambiar la lógica actual, el propio avance tecnológico hará que la caída de empleos formales e informales se transforme una merma de consumidores que paralice las cadenas productivas. Por ello el capitalismo tal como lo conocemos hoy resulta inviable con su propia naturaleza y deba mutar hacia otro formato.

Una posibilidad es la mencionada renta universal que resulta en una oportunidad de mantenerse en funcionamiento y de satisfacer las condiciones mínimas de subsistencia de las capas más pobres al principio y del resto de la población a largo plazo.

Esto ya lo estamos viendo con el avance de los programas sociales que aún gobiernos ultra-liberales como el de Mauricio Macri debieron no solo sostener sino ampliar. En cierta medida vemos cómo ese proceso ya está en marcha, en forma tortuosa, lenta y cuestionada, pero es la única manera de mantener estable el sistema ante las grandes cantidades de ciudadanos excluidos del sistema.

Esa política se ha hecho para que no estalle la propia estabilidad social, pero la lógica de concentración liberal financiera de características globales hace que las capas medias de la población sean las que sufran las rigurosidades de la apropiación de la plusvalía tecnológica por parte de las pequeñas minorías todopoderosas.

Las clases medias, a través de sus impuestos y de la inflación e productos y servicios necesario para su situación, subvencionan por partida doble el modelo, permitiendo que las clases dueñas del mundo sigan aumentando su participación en la riqueza global y que los pobres tengas que comer para no desestabilizar el sistema.

Tres décadas al menos en el Occidente desarrollado ha venido produciendo este modelo de deterioro de las clases medias, y la aparición de nuevos gobiernos y fuerzas genéricamente llamados de derechas nacionales, término al menos impreciso, han avanzado canalizando el descontento.

¿Cuántos más aguantará el sistema así presionado? Probablemente unas pocas décadas antes del estallido final, algo que las élites mencionadas han previsto al menos desde hace medio siglo y han comenzado una serie de políticas destinadas a la contención de la demografía a fin de controlar la situación.

Ante el avance de la tecnología combinada con la Inteligencia Artificial que arrasa los puestos laborales, incluyendo los de tipo intelectual, cada vez será mayor el excedente de mano de obra, que además crece en número porque la población mundial es mayor.

La ideología de género, que refuerza el individualismo hasta el extremo de que cada uno pueda decidir qué es, independientemente de las leyes naturales, y las ideas que se desprenden de ella, desde el aborto hasta la promoción de parejas estériles, son formas de restringir el crecimiento demográfico hasta los límites tolerables por la población. 

Por ello vemos cómo se alinean los medios corporativos, las ONGs generosamente financiadas por Fundaciones de megamillonarios, las estructuras académicas, las grandes corporaciones financieros, las empresas multinacionales y los aparatos culturales globales, en un mismo mensaje.

¿Será suficiente? No, más aún porque las mismas sociedades occidentales empiezan a abandonar la simpatía hacia estas políticas y se suman a la resistencia de países como Rusia, China o Irán.

En estas circunstancias se hace cada vez más notoria la necesidad de avanzar con mecanismos de contención como una renta universal que deberíamos empezar a estudiar como la mejor forma de readaptar el sistema a los nuevos cambios, porque es bueno recordar que una revolución total antisistema hoy está absolutamente fuera de cualquier suposición realista.

La opción de las élites ante esta disyuntiva es un poco más drástica y significa el exterminio del 90% de la población como ya alguna vez dijo en un reportaje televisivo el dueño de la CNN Ted Turner, por ello debemos avanzar y rápido en una propuesta que contemple el conjunto de la sociedad como el destinatario de las mejoras tecnológicas y no la víctima de ellas.

Marcelo Ramírez
Marcelo Ramírez
Analista Geopolítico
Autor del Libro:
«De la Geopolítica Clásica a la Geopolítica Moderna
El Pensamiento de
Mohammad Farhad Koleini».

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