¿Réquiem para el feminismo?

Por Marcelo Ramírez

La manifestación del 8M en Madrid, ícono para Hispanoamérica como la fuente inspiradora de políticas e ideas, se desplomó de 350 mil concurrentes en 2019 a apenas 120 mil este año, según informa el diario Vox Populi.

El feminismo nacido de la mano del PSOE y engordado ante la mirada cómplice del PP, llega a su punto máximo de influencia política con la llegada al poder de Podemos, ahora como Unidas Podemos, en una sobreactuación más de las que nos tiene acostumbrado el feminismo, utilizando categorías exclusivamente femeninas como “unidas” en lugar del neutro “unidos”.

Las razones de la merma en la concurrencia cuando el feminismo alcanza su cuota máxima de poder institucional consiguiendo instituir un Ministerio con solo personal femenino porque no encontraron hombres capaces según sus voceras, tal vez sea un ejemplo de sus excentricidades, sus actitudes corporativas, y despóticas que han cansado a los españoles, pero especialmente a las españolas, cansadas de que un puñado de dogmáticas utilicen la representación del colectivo de mujeres para sacar ventajas políticas y personales.

Las razones del declive pueden ser varias y materia de debate, debatibles y van desde un hartazgo de sus políticas absurdas, confrontativas y totalitarias escondidas en una cada vez más lejana propuesta de igualdad para mostrar otro rostro. La popularidad que ha alcanzado a partir del control de los medios de comunicación de todo tipo, del asalto al Estado, de la subordinación a sus ideas de las instituciones educativas y del apoyo de las grandes marcas, han llevado a que sus políticas hayan quedado expuestas y sean visibles ante los ojos de las grandes masas.

A las razones propias de salir de las tinieblas y quedar expuestas sus ideas junto con la impopularidad de ellas ante la sociedad, podemos sumarle otros hechos políticos no menores como la victoria de Donald Trump que les ha recortado fondos y apoyos políticos de los EE.UU., el gran difusor del feminismo hasta la presidencia de Obama.

Sea la razón o combinación de razones que fueran, la caída es muy marcada y coincidente en muchos países. La propia Europa sufre el repliegue en Occidente, pero es resistida y denunciada en la parte Oriental del continente.

En nuestra región dieron sus primeras señales contundentes con la desastrosa participación electoral en Brasil, forzando al PT a políticas que derivaron en la victoria de Bolsonaro fue un indicador de su impopularidad.

El PT desde su giro hacia el feminismo con Dilma, nunca ha parado de caer en su popularidad, solo Lula mantiene cierto nivel de apoyo fruto de su carisma personal.

El intento de asimilar su imagen a una resistencia combativa en América Latina se reflejó en un intento de copar una resistencia contra Áñez luego del golpe de Bolivia, pero que resultó inconsistente. El pueblo boliviano con sus raíces indígenas está muy lejos de apoyar al feminismo, y una vez más eso fue aprovechado por la oposición.

Ese oportunismo se desnudó en Chile, donde las protestas masivas debido al colapso de un Estado que permitió que las ganancias del desarrollo económico chileno terminaran en un grupo reducido de plutócratas. Fueron la real causa de la salida masiva a protestar.

Los millones que se volcaron a la calle durante meses a pesar de un brutal aparato represivo contrastó con una coreografía y un “himno” conocido como “el violador eres tú”, realizada en medio de la represión en una plaza sin ser perturbadas por las fuerzas policiales.

Con ese único mérito, una música pegadiza y una coreografía graciosa, el progresismo occidental intentó desviar las causas y los actores de las protestas, algo que se refleja en analistas como Pedro Baños, que han cambiado las razones del hartazgo del sistema liberal chileno a una presunta lucha del feminismo, dejando de lado al pueblo chileno para reemplazarlo por “las mujeres”, un eufemismo para referirse al puñado de activistas capitaneadas por la fundación Open Society  cuyo magnate Soros acaba de comprometer otros mil millones de dólares en la lucha por la “sociedad abierta”, una ONG emblema de la injerencia de estas en los asuntos propios d eso Estados nacionales.

Extraño que esta ONG haya sido recibida por el ministro argentino Nicolás Trotta, quien orgullosamente habla de planes conjuntos en Educación con la Open Society, ligada al feminismo y a temas como el aborto a través de su financiación a la IPPF, pero es tema para otra oportunidad.

Volviendo al feminismo y su acción geopolítica, AMLO en México también es víctima de la cólera de una feminismo que no encuentra la forma de detener la caída propia del modelo globalista financiero que es su mecenas, y ha sido sistemáticamente atacado ante la mirada hacia otro lado de un progresismo local que festejó la victoria del «izquierdista» López Obrador, sin comprender que por primera vez en más de medio siglo EE.UU. no había interferido en un fraude escandaloso y que Trump era el nuevo presidente.

Era evidente entonces que México se transformaba en territorio de disputa entre globalistas financieros y productivistas, es decir el establishment demócrata con republicanos contra el trumpismo emergente. El ataque a AMLO solo puede entenderse dada su virulencia como resultado de torcer la historia, Trump se encamina a una reelección y eso sería un golpe desbastador para sus posiciones, más aún cuando Vladimir Putin ha decidido en sus tierras apretar el acelerador y ratificar madre y padre en la documentación rusa en lugar de progenitor 1 y 2 y sumar un generoso programa de ayuda para estimular la natalidad.

En ese marco el último de los mohicanos regionales parece ser la Argentina de Alberto Fernández, que junto con la clase política local no lee correctamente los acontecimientos y cree aún que la ola feminista es un tsunami que arrasará con todo. Dicha ola ya golpeó con su secuela de desastres como el desvío del objetivo de las luchas populares, la destrucción del aparato educativo especialmente en el área de las ciencias sociales en las universitarias o en la cooptación de fondos en instituciones apuntadas a lo científico tecnológico como el CONICET, cuyo presupuesto se destina en buena medida a financiar propaganda disfrazada de estudios de género.

La ola llegó y ahora se retira, el fin comienza a verse y se exhibe la destrucción, pero la esperanza de poder al fin dar la vuelta de página para empezar a construir un modelo nacional y popular, solo hace falta que los políticos, especialmente las primeras líneas entiendan que ya pasó el cuarto de hora del feminismo y se preparen para lo que llega porque si no lo hacen otros sí lo harán, y de hecho ya lo están haciendo por debajo a espaldas de los grandes medios.

Recordemos que tanto Trump como Bolsonaro ganaron y gobiernan con los grandes medios en contra, medios que están tan desacreditados que su discurso ha perdido peso en las sociedades aceleradamente tanto por los cambios tecnológicos como por su propia e impopular agenda.

Marcelo Ramírez
analista geopolítico
Autor del libro:
«De la Geopolítica Clásica a la Geopolítica Moderna
El Pensamiento de Mohammad Farhad Koleini»

2 pensamientos sobre “¿Réquiem para el feminismo?

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