Consecuencias políticas y económicas del Coronavirus

Por Marcelo Ramírez

El desarrollo de la epidemia del coronavirus denominado por la OMS COVID-19 está afectando severamente a China junto a dos decenas de países y ha disparado una controversia sobre si su origen responde a un hecho natural o es producto de un arma biológica.

En primer lugar, debemos asumir que estamos en medio de una guerra psicológica que utiliza la propaganda como una herramienta para manipular los sucesos en beneficio de la agenda propia, generando la mayoría de los análisis y conclusiones que son los que influirán decisivamente en la opinión pública.

¿El COVID-19 es un arma biológica? El Dr. Francis Boyle, profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Illinois y autor de Ley Antiterrorista de Armas Biológicas que se aprobó en 1989 bajo el mandato del presidente George  Bush, ha declarado que se trata de un arma biológica que escapó al control del gobierno chino, quien lo habría sustraído de un laboratorio canadiense de nivel 4, según publica el medio indio GreatGameIndia.

Las características del virus en cuestión lo ponen como de alto nivel de contagio, solo detrás de la gripe, pero de una relativamente baja mortalidad que apenas excede el 2% de los casos, poco si lo comparamos con el 30% del SARS que se conoció públicamente en el 2003. La letalidad del COVID -19 afecta a pacientes con patologías preexistentes que tienen una capacidad de respuesta inmunológica débil.

Estas características siembran dudas sobre la elección de este virus porque los usados militarmente cuentan con una tasa de mortalidad mucho más alta.

Poner entonces en circulación un virus que puede transformarse en una pandemia global, en un mundo tan hiperconectado es a priori demencial porque fácilmente se puede salir de control y extender el daño a todo tipo de blancos, más allá de lo planificado. A principios del siglo XX la Gripe Española produjo entre 50 y 100 millones de muertes, hoy algo así causaría miles de millones sin dudas.

Aún con el bajo índice de mortalidad, una infección que pueda alcanzar a dos tercios del planeta podría producir una cifra equivalente por la masividad de los contagios.

Si exceptuamos una teoría de corte conspirativa extrema que baraje la posibilidad de exterminar una buena parte de la población mundial, un proceso así sería demencial porque se volvería contra los propios autores en algún momento, y si la intención sería la enunciada, acabar con la población mundial, se usaría un virus mucho más letal, por lo que esta hipótesis mencionada no tiene mucho sustento.

Se podría considerar que pueda ser un diseño viral poco letal apuntado solo para causar pánico y afectar la economía china, pero nuevamente tropezaremos con el mismo escollo, el virus tendría efectos en su evolución no contemplados.

El café ha perdido casi un cuarto de su valor en la Bolsa como consecuencia del virus, Starbucks cerró en China 2.000 locales y esta cadena es de propiedad estadounidense. Pero hay ejemplos más contundentes, el petróleo ha experimentado una caída del 20% de su valor y eso perjudica directamente a la industria del fracking EE.UU. que necesita un valor de al menos 70 dólares por barril para ser rentable.

Este episodio complica a una industria muy golpeada y al borde de la quiebra, pero clave porque le ha permitido dejar de depender de Medio Oriente para su abastecimiento de energía y lo ha transformado en el primer productor mundial.

Si EE.UU. ha podido avanzar en la desestabilización de países petroleros en Medio Oriente o con Venezuela, es porque simplemente ya no depende del crudo importado para su economía. Rusia se perjudica también como la mencionada Venezuela, pero China, perjudicada por la parálisis económica, se favorece por el costo menor del petróleo para su industria.

Japón es otro de los grandes perdedores de esta epidemia, las próximas Olimpíadas que se celebrarán este año en Japón están en duda y eso sería un golpe a un país que ha invertido enormes sumas en su preparación.

Vemos entonces que el daño económico empieza por China, pero luego se extiende a otros rincones, las consecuencias son múltiples y llegado al extremo de que China salga del mercado abruptamente, la consecuencia directa sería un freno económico brutal a nivel mundial. Ni siquiera los programas de prospectiva geopolítica más avanzados pueden contemplar todas las consecuencias geopolíticas en toda su dimensión.

Una hipótesis demasiado arriesgada la de un ataque biológico, que además implica que China respondería de la misma manera en territorio de EE.UU.

Al igual que con el equilibrio estratégico nuclear que impide que un país lo use por temor a las represalias, en la cuestión biológica estamos en un escenario similar con un agravante y es que un arma biológica está al alcance de muchas naciones pobres, romper este equilibrio tendría consecuencias muy serias e inaceptables.

Tal vez la respuesta al coronavirus sea más sencilla, como sucede habitualmente y sin que nadie sepa exactamente cuál es la causa, las infecciones virales de este tipo suelen comenzar en esta época del año en China. Como vimos en su momento con la Gripe Aviar y el SARS, si una pandemia acecha el futuro de la humanidad, existen altas probabilidades de que se origine en China.

Luego, de aceptarse la idea de que esto es una de las tantas epidemias que surgen periódicamente, el resto es más simple de considerar.

China sufre un brote y la maquinaria occidental de prensa se encarga de utilizarla para golpear su imagen internacional. Desde las imágenes del mercado húmedo de Wuhan y del consumo de sopa de murciélago hasta burdas campañas anti chinas cuestionando los aspectos higiénicos y de conducta de ellos, una marea oportunista inunda las redes mezclando realidades sacadas de contexto con falsedades lisas y llanas.

China conoce el juego y responde rápidamente, construye dos hospitales inmediatamente, en apenas un par de semanas cuyo fin parece más propagandístico que necesario, pero sirve para demostrar el potencial que hoy China posee.

Asimismo, este país asiático aprovecha para desplegar un arsenal tecnológico futurista que cuenta con drones equipados con sistemas de medición de temperatura a distancia para monitorear desde el aire a quienes circular por calles y advertirles que si tiene fiebre deben estar en cuarentena.

También exhibe una admirable disciplina social. En lugar de un caos social por el pánico, con saqueos y desbordes violentos como sucedería en Nueva York, París o Londres, los chinos se encierran en sus casas para no contagiarse y no contagiar a los demás, en orden y con un alto grado de coordinación y solidaridad.

Las comunidades chinas residentes en el exterior se movilizan y envían insumos sanitarios como los barbijos, que, pese al impactante anuncio de aumentar la capacidad de producción a 180 millones diarios, resultaron insuficientes si el virus se extiende fuera de control. Otra muestra de cohesión y nacionalismo chino.

China puede fortalecer su imagen a futuro si controla la epidemia exitosamente. El juego está abierto.

Un tema adicional que no se ha tenido en cuenta aún en Occidente es la repercusión interna en la política china. Xi Jinping, el actual líder, que se ha proyectado como dirigente que escapa a cotidiano y está a la altura de Mao Zedong o Deng Xiaoping, enfrenta un problema que para los occidentales es de difícil comprensión.

Como todos sabemos, los chinos son un pueblo muy afecto a lo místico y creen que la suerte está atada a designios metafísicos. En China tener un número 4 en la patente del auto o en el de celular es considerado un mal presagio, por lo que se pagan cifras importantes para escapar a esa desgracia numérica.

Esto es algo que va más allá de las creencias del ciudadano común, la construcción de las sedes bancarias es realizada, al igual que en la mayoría de los grandes edificios, de acuerdo a lo que los especialistas en feng shui recomiendan, desafiar estas creencias suele pagarse caro.

Desde tiempo inmemoriales, existe en China una afianzada creencia que dice que el Emperador Todopoderoso Hijo del Cielo, tenía deberes irrenunciables para realizar las prácticas necesarias para ganarse el favor de los dioses, no hacerlo podría significar que una desgracia y la mala fortuna para su pueblo.

Inundaciones, pestes o cualquier otro hecho natural negativo era atribuido a que habían fallado a sus deberes y concitaba revueltas populares para reemplazar al infractor.

Hoy la epidemia del coronavirus COVID-19 es una muestra para una importante parte de la sociedad, de que Xi ha fallado en sus deberes y no tiene el favor divino de su lado, por lo cual su pueblo sido castigado con la epidemia. Mientras dure la situación de emergencia sanitaria nadie hará nada, pero en la sociedad china y en los círculos políticos hay un temor creciente de que el mandatario sufra un descontento que lo lleve a tener que renunciar a su puesto.

Algo inverosímil para un occidental, pero que es tomado muy seriamente por los chinos.

Marcelo Ramírez
Analista geopolítico

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