La planificación del asesinato de Qassem Soleimani.

By Gustavo Bagú

Ya en 2018, Bolton y Pompeo estaban dedicados a crear premisas políticas que facilitaran la posibilidad de escalar un conflicto con la República Islámica de Irán.

En septiembre de ese mismo año empezaron ambos a instalar la idea de que Irán estaba buscando a través de las milicias locales en Irak y Siria, atacar blancos estadounidenses, tanto militares, diplomáticos, o bien sus intereses económicos centrados en la explotación del petróleo de los países bajo su ocupación en el Medio Oriente. 

Valiéndose del incidente en el que cayeron en la Zona Verde de Bagdad, donde se encuentra emplazada su embajada, unos proyectiles Katyusha, afirmaron que esto demostraba las intenciones de Teherán, aun en la ausencia de pruebas que la implicaran, lanzaron la advertencia de que, si alguno de estos ataques se cobraba la vida de alguno de sus efectivos, o si sus intereses eran blanco de algún ataque, la autoría sería inmediatamente adjudicada a Irán, pudiendo ser considerada como un «casus belli». De esta manera instalaron públicamente una premisa política que, al margen de cualquier prueba que lo pudiera sustanciar, Irán sería pasible de una respuesta militar a discreción de los EEUU. 

Este fue el camino establecido para lograr la escalada que influyentes sectores de la política exterior de Washington, y de Tel Aviv, buscaban desde hacía tiempo, quedando todo supeditado a que cualquier chispa encendiera el polvorín. Estaba claro que, en una región tan convulsionada, sólo era una cuestión de tiempo hasta que algo pasara.

Posteriormente, en mayo de 2019, pusieron a circular, bajo el título de «informes de inteligencia», rumores de que se sabía que Irán tramaba ataques a las fuerzas norteamericanas en la región. Ante la realidad de que nada de esto se materializaba, durante varios meses Israel lanzó ataques con drones y con aviación a milicias de las Fuerzas Populares de Movilización, algunas de las cuales, aunque no todas, eran aliadas de Irán. Lo que sí sucedió fue que milicias opuestas a Teherán atacaron objetivos iraníes en Basora. Incendiaron el consulado iraní en dicha ciudad, y atacaron con morteros el aeropuerto, y ocuparon el único puerto irakí, cerrándolo por completo; hechos que parecieron indicar que los Katyusha que cayeron en la Zona Verde podían provenir de las milicias antigubernamentales que protagonizaron la violencia anti Irán en Basora. 

Una de las acciones más repetidas en el conflicto en la región han sido los ataques de falsa bandera, llegando así a constituirse en un modus operandi. La escalada de ataques israelíes es otra de las constantes históricas que han caracterizado a sucesivos gobiernos israelíes desde hace 60 años. Estos ataques a las Fuerzas Populares de Movilización, instrumentales en la derrota del ISIS, y que evitaron la formación del Califato pretendido, y la partición del país, y que de ninguna manera cambiaban la realidad militar en la región, pueden y deben ser interpretadas como provocaciones en busca de una reacción de Teherán que pudiera interpretarse como el cruce de la línea roja trazada tiempo antes por Washington, por Bolton y Pompeo. Esto mismo ya había ocurrido con variado éxito en conflictos anteriores, por ejemplo, en 1967, cuando previo a la guerra de ese año, Israel se sirvió bombardear Siria y el Líbano, llegando asimismo a atacar al buque de inteligencia norteamericano USS Liberty en junio de ese año, en la esperanza de poder culparlo a Egipto, plan que fracasó rotundamente gracias a los sobrevivientes de ese ataque. Dicho ataque causó la muerte a 34 marinos estadounidenses. Nuevamente en 2015 vimos una intensificación de los ataques israelíes a objetivos vinculados a Irán, con el propósito de sabotear los esfuerzos diplomáticos del gobierno de Obama por concluir el acuerdo nuclear del P5+1.

Recordemos al mismo Netanyahu, que paralelamente con la acusación de que Irán avanzaba hacia la construcción de armas nucleares, declaró muy suelto de cuerpo que su mayor temor era que Irán cumpliera con los compromisos impuestos por dicho acuerdo. ¡Menudo contrasentido que la prensa occidental supo disimular!

En la medida en que estos antecedentes históricos sirvan como guía para desentrañar la presente situación, valdría la pena tener presente lo siguiente:

  1. Destacar la continuidad del accionar de Israel en la relación con sus vecinos, y con su principal aliado y mentor.
  • La paciencia y racionalidad con que los líderes iraníes han manejado su diplomacia, jamás dando pie a una escalada que pudiera poner en riesgo a su nación y a toda la región.

Un análisis de los sucesos recientes, en el contexto de lo que siempre han sido, pone en precaria situación las justificaciones de Washington que, de por sí, abundan en contradicciones flagrantes, incoherencias y hasta disparates novelescos.

El asesinato del General Qassem Soleimaní no fue producto de un impulso. Sus arquitectos e impulsores, Bolton, Pompeo, Esper y Gina Haspel, lo habían concebido, entre otras posibles acciones, desde fines de 2018, quedando solamente supeditada su ejecución a la conformación de una oportunidad política propicia; y ésta se produjo en la enrarecida atmósfera creada por el «Impeachment» al presidente Trump. Si bien se cumplió su aciago objetivo, no derivó en la escalada que se buscaba, y a mediano y largo plazo le complicará a los EEUU su política de ocupación y saqueo de los recursos de la región, con la perspectiva de elevar sus costos a tal punto de arruinarles el negocio. Se vuelve a hacer presente, al decir de Lacan, «el carácter idiótico de la perversión».

Gustavo Bagú
Analista Internacional

1 pensamiento sobre “La planificación del asesinato de Qassem Soleimani.

Responder a Stanley Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te pueden interesar