Chile en llamas

TOPSHOT - Men take pictures of a burning car during violent protests in Santiago, on October 19, 2019. - Chile's president declared a state of emergency in Santiago Friday night and gave the military responsibility for security after a day of violent protests over an increase in the price of metro tickets. (Photo by CLAUDIO REYES / AFP) (Photo by CLAUDIO REYES/AFP via Getty Images)

Por Marcelo Ramírez

                                  

Protesta por el aumento del Subte.

Sudamérica y buena parte del mundo se vieron sorprendidos por un violento estallido en Chile. Cuando nadie lo esperaba, y mas aún, se lo tomaba como un ejemplo sobre como construir un Estado moderno y eficiente con un progreso económico sostenido, millones de chilenos salieron a las calles para reclamar un aumento en el transporte y siguieron saliendo en un abierto desafío a una durísima represión ordenada por el presidente Piñeda.

Pero, ¿es posible que un aumento en el transporte haya podido desencadenar el caos en el país modelo de nuestra región?

Pare encontrar una respuesta es necesario hacer un pequeño diagnóstico interno sobre la realidad de Chile y un especulación sobre los actores externos que puedan inmiscuirse en la realidad local.

En primer lugar debemos resaltar que el modelo chileno tan elogiado descansa en en un programa conocido como «Las siete modernizaciones», el nombre que se le dio en ese país a un proceso de reformas estructurales que anticiparon en una década  al Consenso de Washington.

Chile se convertía en el conejillo de indias de la región inspirándose en las revoluciones que impulsaban Thatcher en el Reino Unido y Reagan en EE.UU.

Atribuyendo todas los males a los problemas monetaristas, este discípulo de las ideas de Milton Friedman y egresado de la Universidad de Harvard, José Piñera hermano del actual presidente Sebastián Piñera,  impulsó un programa que buscaba imponer la lógica del mercado rápidamente.

Las ironías del destino hacen que ese gran impulsor de las reformas que modelarían al Chile actual centradas en una reforma de las pensiones y jubilaciones que entregó a la actividad privada, con excepción de los militares que siguieron en el sistema de reparto, la privatización de la educación y el traslado de la pública remanente a los municipios, la privatización de la salud, la apertura del comercio exterior llevando los aranceles para la importación  a cero, la desregulación del suelo que pasó a ser regulado por el mercado al no existir mas una regulación de la construcción urbana, la privatización de las empresas públicas, reservando una parte del 10% del cobre para las FF.AA. y la flexibilización laboral.

Las consecuencias de este plan, ideado a mediados de los 70 e implementado entre fines de los 70 y principios de los 80, construyó una sociedad chilena que se basaría en el individuo y su capacidad de competencia, destacando al figura del emprendedor como una la base del éxito económico.

Los resultados generaron un crecimiento del país en una inequidad absoluto, y comenzaron a cocinarse lentamente las causas sobre las cuáles se produciría el gran estallido de ocutubre.

Se afianzó el sálvese quien pueda, y lo que en principio parecía premiar al esfuerzo que tanto pregona la meritocracia, terminó mostrando un lado B brutal.

La educación decayó y se hizo insostenible para quienes no tenían dinero, que eran la gran mayoría de los chilenos, despertando protestas estudiantiles que se repetirían cíclicamente.

La desregulación del comercio exterior aniquiló cualquier posibilidad de crecimiento de proyectos industriales y el modelo chileno fue creciendo en desocupados ante el aumento de la población que quedaba fuera de un sistema basado en al explotación del cobre, mariscos, frutas, vinos y poco mas.

A estos desatinos debemos sumarle otros eventos que tensionaron el ambiente, las pensiones a través del sistema de ahorro privado apenas alcanzan a un 30% del ingreso en actividad, por lo que la jubilación significa un sinnúmero de dificultades económicas, a las cuáles hay que sumarle la ruleta de la salud porque la caída en una enfermedad grave significa la bancarrota.

Estas y otras cosas son la base material del hartazgo de un pueblo que se da cuenta que no hay salida a partir del modelo en el que creyeron, que no hay esfuerzos suficientes y solo un puñado de familias megamillonarias se benefician son este sistema.

Las razones del cansancio son entonces, múltiples. Quien no protesta por la carestía de los servicios públicos (entre 2 y 3 veces mas caros que en la Argentina), lo hace por la falta de posibilidades de acceder a una educación superior o porque ha enfermado y no puede costear el tratamiento.

En ese contexto la suba del transporte, que ronda 1,2 dólares por viaje es solo la gota que rebalsó el vaso.

Es notable que al igual que en otros lados, ya no son los pobres lo que salen a la calle sino la clase media y hasta gente de barrios acomodados, el modelo afecta a todos en función de su realidad. A fin de cuentas cuando 4 familias tienen mas de 200 mil millones de dólares, es muy dificil que se pueda estar entre los ganadores.

El modelo chileno, tal vez en forma inoportuna para sus promotores liberales, estalla. Un dato también curioso son las referencias al modelo libertarios desde sus orígenes, el mismo nombre y modelo que está de moda entre muchos adolescentes que viven en nuestro país y que carecen de experiencia e información suficiente para ver que en realidad no están en guerra contra el marxismo inexistente en estas latitudes y que eliminar el Estado no es una pócima mágica para todos los males.

Sopesando entonces el sistema al borde de la implosión, llega la pregunta sobre que sucede internacionalmente y allí las respuestas no son tan fáciles.

Las condiciones para una detonación estaban dadas, pero existe la duda de que hay detrás porque al experiencia indica que las grandes puebladas suelen estar acompañadas de aceleradores externos.

Las Revoluciones de  Colores, Primaveras Árabes y el Euromaidán han sido pruebas clara de gigantescas movilizaciones populares impulsadas desde las sombras por servicios de inteligencia europeos, estadounidense e israelíes.

Incendio en la Estación Elisa Correa

El incendio de las dos estaciones del metro de Santiago, con estrictas medidas de seguridad contra incendios, aumenta las dudas y la falta de conducción política de las revueltas, tanto que sorprendió a Piñeda como a opositores, es llamativa.

Es bueno recordar que luego de la intervención de Rusia en Siria, la zona comenzó a estabilizarse cuando el modelo de guerras híbridas había destruido países como Libia. Hay analistas con gran reputación que hace dos años vienen advirtiendo que ese modelo es conocido como Doctrina Rumsfeld – Cebrowski, que es básicamente la puesta en marcha de las proposiciones teóricas de Thomas Barnett a fin de reducir los costos de mantener bajo control regiones enteras que no son atractivas para el poder global pero que a la vez no se quieren dejar a sus enemigos.

Tampoco podemos descartas que otras naciones acosadas por el globalismo hayan decidido extender la confrontación fuera de su vecindario y llevarla lo mas lejos posibles, y si es en el área de influencia globalista, mejor.

La duda persiste, lo que vemos es Chile, que tiene causas objetivas que se han venido desarrollando desde hace décadas, es una explosión social espontánea o alguien encendió la mecha, y si es así ¿quién y por qué?

Conocer esas respuestas nos dirá que esperar a mediano plazo de los sucesos de Chile, y por qué no, de otras naciones de nuestra región.

Marcelo Ramírez
Analista geopolítico

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