Guerras invisibles

Por Marcelo Ramírez

Mauricio Macri

El desmoronamiento acelerado del macrismo desnuda como nunca antes, la enorme distancia entre la capacidad comunicacional que ha tenido y la realidad que se ha visto expuesta después de los resultados electorales.

Las estrategias delineadas por el poder real fronteras afuera para para controlar los procesos políticos a través de la manipulación de la opinión pública, tienen la capacidad de distorsionar la realidad hasta hacer creer que el macrismo era una fuerza con posibilidades de conseguir la reelección.

Una manipulación que percibíamos pero que la nueva realidad presenta con crudeza impensada.

Hace años que sabemos que existe la manipulación de los medios y que estos, más allá de proclamarse independientes, representan los intereses que los financian.

Odebrecht – Correa – Cristina Kirchner

Sin embargo, en los últimos años descubrimos que esos medios no eran los únicos factores de poder en juego cuando entró en acción el Poder Judicial en los procesos del Lava Jato en Brasil, y los que se produjeron con Rafael Correa en Ecuador y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina.

Estos procesos no se enfocaron solo en los líderes políticos, sino que golpearon sus colaboradores a efectos de crear la sensación, no de un político popular corrupto, sino de una banda asociada para delinquir que llegó al Poder.

A estos dos factores, el mediático y el judicial, se le suma una tercera pata que ha quedado a la vista que son las encuestadoras, el último eslabón que se descubrió en la cadena de manipulación. Las encuestadoras han tenido unos resultados tan desastrosos y con las mismas tendencias, que solo se pueden explicar por su accionar como una herramienta política y no por un simple error.

Encuesta realizada previa a las PASO

A pesar de ser conocido que las mayorías de las encuestadoras tenían lazos con el macrismo, sus datos eran tomados como una verdad revelada y su importancia fue tal que los procesos de alianzas y las listas de candidatos fueron armadas tomando en cuenta la realidad que las mismas mostraban.

¿O acaso el Frente de Todos no es el resultado directo del convencimiento de que Cristina Fernández de Kirchner tenía un techo bajo gracias al amplio rechazo a su figura?

Los alineamientos políticos de otros candidatos peronistas respondieron a eso y en algún momento hasta quisieron imponer como opción a Roberto Lavagna, una persona sin estructura política que cualquier conocedor sabe que le resultaría casi imposible que sea un candidato competitivo.

Los medios, la Justicia y las encuestadoras, fueron las bases sobre las que asentó la política argentina en el último lustro. No estamos descubriendo nada nuevo y cualquier ojo avezado lo sabía, pero lo novedoso pasa por comprender que el juego de control es parte de una estrategia superior.

Acostumbrados como estamos a la inmediatez y a la pequeña política, se nos escapa que hay jugadores mundiales que planifican a largo plazo y su juego no siempre es evidente, solo lo descubrimos cuando es tarde.

Si bien la Justicia siempre ha tenido un sesgo clasista, lo que vemos hoy en día es una actuación con tanto desparpajo y sin cuidar las formas que solo puede ser fruto de un proceso de colonización de larga data.

En Brasil la megaestrella judicial y hoy ministro Sergio Moro fue formado en EE.UU. pacientemente y dejada cual célula durmiente en un ignoto juzgado hasta que sus servicios hicieron falta para minar la candidatura de Lula.

Sus acciones fueron convalidadas por los tribunales superiores, ¿cuántos Sergios Moros habrá enquistados en la Justicia entonces? ¿con cuánto tiempo de anticipación se planificaron estas acciones?

Pensar en lo que significa interferir de esta manera en los poderes judiciales de países como Argentina y/o Brasil nos da una idea de la magnitud del Poder se mueve los hilos.

Las encuestadoras siguieron un camino semejante, pero a una escala menor. Primero se hicieron creíbles y luego comenzaron sus actividades de presión subrepticia, al igual que los medios que fueron lentamente absorbidos por los capitales internacionales hasta convertirlos en meras replicadoras de noticias y análisis planificados. Sus conclusiones fueron ganando espacio hasta constituirse en verdaderos árbitros de las decisiones, no solo electorales sino también de todo tipo.

Si alguien quiere instalar una política, con conseguir que los “focus group” señalen a los políticos la conveniencia de dicha medida.

La conjunción de tantos hechos que se alinean en un sentido y que terminan coordinando sus acciones, con tal habilidad que los detectamos después de estar actuando, demuestra que esto está muy lejos de ser obra de la casualidad y obedece a una planificación detallada para controlar y, llegado el caso, desestabilizar las sociedades.

Quienes se interesan por los temas de geoestrategia no tardarán en asociar estas acciones con lo que en “La Guerra Irrestricta” describen los coroneles Qiao Liang y Wang Xiangsui, oficiales de la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación de China.

Allí explican que en las guerras hoy utilizan las armas como último recurso, los enfrentamientos son omnidireccionales, todo está permitido y coordinan diferentes acciones ya sean psicológicas, tecnológicas, culturales, mediáticas, financieras, de recursos, económicas, legales, y un largo etc., tras un objetivo.

Solo un enorme poder puede combinar en un país la cantidad de factores necesarios para influir y desestabilizar un territorio, utilizando recursos supranacionales y multiniveles para ello.

Lo descripto por los militares chinos es tomado e interpretado a su manera por la US Navy que ha reformulado sus estrategias en lo que se conoce como Guerras Híbridas, un término más familiar pero que es similar.

Estas acciones: medios, Justicia, encuestas, FMI, presiones de organismos internacionales para instalar distintas políticas, son algunas de la que se han implementado y responden a la acción deliberada de un poder (estatal o no territorial) que supera inclusive la acción de una organización al estilo CIA.

Esto es algo más profundo y dicho en términos sencillos, es un ataque contra una sociedad a la que se quiere controlar y/o destruir.

Los marines desembarcando en nuestra región como fuerza militar es algo muy lejano, los métodos empleados son diferentes, la utilización de la fuerza bruta es algo que no necesitan con estos sofisticados mecanismos de control tan refinados.

El ataque es múltiple, abarca diferentes frentes y mientras apenas comenzamos a entender que nos sucedió luego de 4 años de macrismo, como se gestó este proceso que significó una brutal caída de la Argentina, ya está en marcha nuevas formas de manipulación que vemos en un desembarco de nuevas ideologías generosamente financiadas y publicitadas a pesar de no ser bien recibidas en los sectores populares.

Si comprendemos como las potencias extranjeras y otras sin base territorial han ido acomodando las fichas para actuar como lo hicieron, resulta muy infantil creer que parte de esos sectores con su poder puedan apoyar expresiones auténticamente liberadoras y que estas acciones no están alineadas a su reconfiguración mundial ante un mundo que no necesita trabajadores por la revolución tecnológica.

Nada de lo que sucede a estos niveles, recordamos, es espontáneo. No hay apoyo financiero ni mediático ni judicial a algo que vaya en contra de sus intereses.

Una vez desarticulado el juego que llevó al Poder al macrismo en la Argentina e hizo lo propio en otros países de la región, está en marcha un nuevo proceso que recién descubriremos cuando haya hecho mucho daño a nuestra sociedad.

Tenemos que tener una visión muy aguda sobre cómo se gestan los procesos para poder prevenirlos y el estado de shock permanente al que someten a la sociedad impiden reflexionar y anticipar lo que se viene.

Marcelo Ramírez Analista geopolítico
Director de Contenidos de AsiaTv

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