Arquitectura actual y futura del Sistema Financiero Internacional.

Por Marcelo Ramírez

A partir del abandono del patrón oro en 1971 por parte del presidente Nixon se produce un cambio en las reglas de juego establecidas por los propios EE.UU. a partir de la victoria en la II Guerra Mundial.

Desde ese momento EE.UU. inundó el marcado mundial con dólares, lo que le permitió dedicar enormes cantidades de divisas para financiar distintos programas y expandir el negocio financiero.

A fin de mantener el interés por el dinero estadounidense, EE.UU. debió asegurarse de que el mercado petrolero mantenga la demanda de dólares a cambio del crudo.

La crisis petrolera de los 70 produjo un incremento en las ganancias de esos países petroleros que reinvirtieron sus ganancias en el sistema financiero, quien lo utilizó entre otras razones para generar un espiral de endeudamiento en los países periféricos que le permitía el control político de los mismos a través del mecanismo de sujeción de la deuda. Nuestra región fue un especial blanco de estas políticas.

Este proceso tuvo un efecto paralelo generando un proceso de fusiones empresariales que concentró los capitales en manos de especuladores financieros. Como consecuencia natural las grandes empresas aprovecharon ciertos cambios tecnológicos para cambiar la estructura productiva, instalando terminales de producción en países como China a partir de los acuerdos de Kissinger conocidos a partir de la política del Ping Pong.

Las grandes corporaciones se independizan entonces de sus nacionalidades y comienzan a estructurar su producción de acuerdo a sus costos y a menores requirimientos  de seguridad y medioambiental. Se produce un escisión del capital financiero de las naciones de origen y pasana  ser unidades en sí mismas.

Este proceso de deslocalización ee extenderá a otros países menores de la región asiática en busca de mejores condiciones productivas, reproduciendo  un modelo que trae  aparejado efectos paralelos:

  • Mayor concentración de capitales.
  • Transferencias tecnológicas hacia los países asiáticos que expandieron rápidamente las capacidades y el nivel de vida de esos países.
  • Caída de la producción en los países europeos y EE.UU.
  • Caída de salarios y de ingresos fiscales en Occidente.
  • Caída del nivel de vida durante 3 décadas y crisis de la deuda en las naciones del Primer Mundo con un correlato de desplazamiento de los negocios hacia Asia Oriental.

El proceso de globalización impone entonces una estandarización de costos empujando hacia abajo a los países mas desarrollados que no consiguen ser competitivos.

Las grandes corporaciones comienzan a rediseñar el funcionamiento económico de acuerdo a sus necesidades, dando impulso a los acuerdos del GATT y de la subsecuente OMC que busca nuevas reglas que favorezcan la libre circulación de mercaderías, capitales y personas.

Este proceso se acelera a partir de la caída soviética cuando EE.UU., emerge como potencia hegemónica sin rivales a la vista. En esas condiciones, con el socialismo real desaparecido como enemigo, el globalismo se despoja de todas las reservas que tenía para avanzar en sus reformas y acelera el proceso impulsando tratados de librecomercio en un sentido de agrupar los sectores económicos de acuerdo a los modelos corporativos que ya tenían creados las multinacionales en sus planes de negocios.

El proceso de edificar un modelo de gobernanza mundial en base a las necesidades corporativas hace que EE.UU. se convierta en un Estado sobredimensionado y demasiado poderoso para ser sometido a los designios corporativos.

En esta etapa es necesario tener presente que las grandes corporaciones dejan de identificarse como empresas pertenecientes a una nación y solamente se transforman en empresas que responden a sus accionistas y su único fin es ganar mas dinero.

El globalismo resultante a partir de los 90 es el de una expansión de los negocios con una mayor circulación de bienes, capitales y movimientos migratorios que generan crisis en los estados mas desarrollados, expolian a los menos desarrollados y benefician a algunos,  básicamentes asiáticos,  que gracias a una gestión política eficiente y de corte nacionalista y estatal, consiguen aprovechar la coyuntura para recibir inversiones tecnológicas y de capital favoreciendo el desarrollo.

La ascenso de China, la consolidación de los tigres asiáticos con Corea del Sur, el crecimiento del Sudeste Asiático con Indonesia, Vietnam y Singapur, la aparición de India como actor relevante,  comienzan a conformar un nuevo eje de poder.

Mientras las corporaciones hacen negocios produciendo barato en Asia y vendiendo a altos precios en Occidente, la decadencia de estos países comienza  a producir inestabilidad social en la cuna del capitalismo.

China emerge ya no como una nación desarrollada sino como un desafío al propio sistema basado en Occidente, el desarrollo chino se extiende a partir de deslocalizar a su vez producciones a otras naciones de la región con menores costos, sin embargo China aprovecha la situación para consolidar su poder. El globalismo que alimentó a China comienza a ver que los 5 mil años de historia no transcurrieron en vano y que este país mira varias movidas por delante en el ajedrez mundial.  China se preparaba para otra cosa, no la imaginada por el globalismo atlantista.

No solo hay poderes corporativos, el poder del dinero, también hay un poderes que responden a modelos civilizatorios que son muchos mas que una nación. Irán, por ejemplo, es apenas una nación importante, pero es el heredero del Imperio Persa y sus lazos de influencia van desde el norte africano hasta la India. Su importancia es mucho mayor de la que se cree a simple vista. China, al igual que Irán, hereda mucho mas que fronteras visibles y eso comienza a verse hoy cuando tras una pasusa de tres siglos, retoma su lugar central en el mundo.

Retomando el hilo, las crisis bursátiles y financieras que se producen sucesivamente en esos años para concentrar el capital en menos manos tienen un efecto tal vez inesperado donde China decide reconvertir su producción no solamente como nación exportadora, algo que la hacía vulnerable a las corporaciones y que los medios y analistas occidentales en esos años,  advertían como un Talón de Aquiles chino.

El país asiático decide que tenía un enorme potencial interno y que ese mercado interno, en un mundo en crisis, era un potencial suficiente para mantener los motores económicos encendidos. China comienza a entrar en una fase de desarrollo interno que afianzaría su sistema político a través del mantenimiento de altas tasas de crecimiento.

China pasa entonces de ser una nación productora barata y furgón de cola del capitalismo global  a mostrar que lejos estaba de ser un modelo tercermundiasta sometido a Occidente sino que había crecido sin levantar polvareda, con una estrategia de pasar desapercibido y parecer dócil a los designios corporativos a efectos de ganar tiempo para consolidar su avance.

China tenía su propia estrategia no advertida por los gerentes internacionales entonces, se transformaba en una superpotencia capaz de rivalizar con EE.UU. y Occidente rápidamente y casi sin dar señales previas. Consciente de que en algún momento se comenzarían a  encender las alarmas para las grandes corporaciones, China construyó pacientemente una red que le permitirían no depender del dólar a través de swaps con decenas de naciones y de la acumulación de oro físico, apoderándose de la London Stock Exchange que fijaba el precio del metal a nivel global y creó el Shanghai Gold Exchange, quedándose con el control del mercado del oro.

Este movimiento fue seguido por Rusia, India y hasta naciones occidentales como Alemania que comenzaron a  posicionar parte de sus reservas en oro, una advertencia a la hegemonía del oro.

China también creó un simil al Siwft que controla EE.UU., el Sistema Internacional de Pagos de China (CIPS), lo que le permite el control de los pagos internacionales, un sistema al que también se suma Rusia y otras naciones. China edifica un sistema financiero paralelo al controlado por Occidente, consciente de que iba a  ser atacado cuando sea percibido como una amenaza. China se ha ido preparando pacientemente para reducir las vulnerabilidades de su economía.

Hoy no alcanza con tener capacidad productiva, es necesario tener un sistema financiero bajo control y comercial fiable. La iniciativa OBOR (One Belt, One Road), la Ruta y la Franja, también es parte de esta iniciativa de no ser dependiente de Occidente y vulnerable  a la US Navy.

China genera su propio acceso a los mercados invirtiendo sus enormes reservas internacionales en títulos del Tesoro de EE.UU., que se acercaban a los 4 billones de dólares y que hoy apenas superan 1 billón. Este dinero se ha estado empleando en capitalizar proyectos que le garanticen acceso a mercados, materias primas y en la adquisición de empresas de alta tecnología occidental que le permitan acelerar su crecimientos comprando el acceso a la tecnología.

Hoy China ha adquirido una potencia propia que la hace capaz de enfrentar  a EE.UU. de igual a igual, con el tiempo a su favor. Una alianza estratégica con Rusia, el aumento de la presencia en África, Asia Oriental y Asia Central y Sudeste, posicionamiento en Europa Occidental, el desembarco en América Latina termina por ser una muestra de que alcanzó un estatus global de potencia.

China advierte también que necesita trasnacionales propias y comienza un proceso de generación de corporaciones chinas pero con una particularidad: son controladas por el Estado, acepta participación privada y extranjera, pero siempre subordinadas al poder estatal controlado por el PCCh. El capitalismo chino en realidad no es tal, es un socialismo con características chinas, como gustan definir y que al igual que Vietnam, generan un nuevo modelo de socialismo exitoso al que hoy busca Cuba imitar. La discusión si es capitalismo o socialismo sigue abierta, tal vez la respuesta sea un sistema híbrido supereficiente, sea lo que sea, es algo para analizar detenidamente porque este modelo ha sido aplicado simultáneamente por Vietnam, con gran éxito y ahora Cuba empieza a pensar un modelo que incorpore algunas de estas reformas.

China se transforma entonces en una anomalía para el sistema capitalista global financiero que controlaba el mundo y que creía que la victoria sobre la URSS era irrevocable y final.  Kissinger y Brzezinski advertían en soledad que no había que descuidar a China e impedir que se acercara a Rusia, con diferencia de matices entre ellos, el mensaje era similar.

La prepotencia y la soberbia de los CEO, sin visión geoestratégica, sin formación política ni sociológica profunda, solo guiados por negocios y poder fácil, no advirtieron que el juego chino no era el de subordinación como estaban acostumbrados en países menores o con menos historia, era de aprovechar la coyuntura para retomar su posición histórica. La falta de visión geostratégica les ha traído hoy una sorpresa con una China que hoy es una potencia que amenaza destronar a Occidente en breve.

Menos aún comprendieron que Rusia seguían siendo una oso agazapado y que al no ser destruída luego de la caída soviética,  comenzaría una rápida reconstrucción sobre una política liberal en lo económico pero combinada con un nacionalismo profundo de vuelta a las tradiciones. Rusia también tiene su pasado de Imperio, con una acepción diferente al que conocemos nosotros, Moscú es un imperio integrador y con mas de un milenio de historia que había resistido todo tipo de invasiones externas y las había superado con costos altísimo a nivel material y de vidas humanas. El endurecimiento de su pueblo hace que haya sido un error no rematarlo cuando estaba en el piso, hoy se ha puesto nuevamente de pie.

El globalismo comienza a enfrentar entonces a un doble enemigo sino-ruso, donde en el primero los sectores liberales aún son poderosos pero estan subordinados a Putin y una China controlada férreamente por Xi.

A esos problemas se le suma uno nuevo que parecía inesperado y que ha sido bastante inoportuno y es el resurgimiento de los nacionalismos europeos que comienzan a golpear a la UE. El Brexit, los chalecos amarillos, la coalición M5S y Liga en Italia son algunos de los problemas que aparecen.

Si bien los nacionalismos europeos son disímiles entre sí, son una muestra del cansancio de las sociedades europeas. Pero la sorpresa mayor vendría del propio corazón del capitalismo anglosajón con la victoria de Donald Trump.

El cansancio ante la caída de décadas del nivel de vida, el profundo endeudamiento, le déficit comercial constante y la decadencia de las otroras poderosas y hegemónicas FFAA terminan reflejándose en una coalisión entre grandes poderes económicos no trasnacionalizados y los sectores pobres y de clase media que veían como el globalismo era su fin.

Trump elabora una propuesta jacksoniana, EE.UU. hoy ya no está en condiciones de competir de igual a  igual con China y otras naciones, el papel de gendarme del mundo solo sirve para que hagan negocios las grandes corporaciones pero no le trae beneficios a EE.UU., los TLC  programados solamente traerán mas deslocalización de trabajos y producción y solo benefician a las grandes empresas, que ponen sus gaancias en paraísos fiscales.

El diagnóstico exige una política diferente donde se destruya el sistema globalista de librecomercio que ya no es útil para EE.UU. Necesita también salir de los interminables conflictos globales que son una sangría permanente y desarticular las organizaciones internacionales dependientes de la ONU que han sido cooptados por el globalismo.

Trump es nacionalista y tradicionalista, por ello declara la guerra cultural a la propuesta globalista que se venía imponiendo en los medios de comunicación y a una multitud de ONGs que eran financiadas por sus enemigos interno y externos.

Encontramos entonces una lucha poder le poder mundial en tres grandes bloques. El globalismo que maneja el aparto superestructuctural mundial a través de medios y organizaciones educativas, el trumpismo que busca un cambio de reglas al librecomercio para imponer un modelo de Estados y un modelo multipolar que se consolida alrededor de China, Rusia, Irán, etc. Ese es el mundo donde debemos movernos, entender esto es clave para que las políticas desarrolaldas se hagan en un sentido positivo.

Marcelo Ramírez Analista internacional Director de Contenidos de AsiaTv

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