Israel y un nuevo triunfo de Bibi.

Por Dario Minskas

Como estaba previsto, el premier israelí Benjamín Netanyahu volvió a ganar las elecciones de su país, esta vez por un margen estrecho pero con lo suficiente para imponerse sobre la lista Azul y Blanca de Yair Lapid  y el General Benny Gantz, una coalición variopinta a la que se podría definir como liberal y centrista.

Bibi tenía una imperiosa necesidad personal por imponerse dado que pende sobre su cabeza las variadas causas de corrupción que acumuló en estos casi veinticinco años de ejercicio del poder israelí. El triunfo le estira la libertad por algún tiempo, aunque se especula que en algún momento este último ejercicio de gobierno le quede trunco y exista la necesidad de volver a formar gobierno y llamar a elecciones.  En ese caso, la coalición azul y blanca, que ganó 30 escaños contra 34 de sus rivales del Likud, estará en inmejorables condiciones para asumir con nuevo signo por primera vez en el siglo XXI. Hay quienes señalan que Bibi pretenderá negociar en el futuro cercano una ley de inmunidad para sus actos, lo que afectaría seriamente la credibilidad del sistema democrático y puede resultar un boomerang peor que la propia condena.

Ya sabemos quien es Bibi y cómo aprovecha su posición para convertirse en el más moderado (aunque parezca mentira) de un espectro de posiciones radicales de derecha con aliados cercanos a posiciones a las que se podría tildar de terroristas, a punto tal que se presenta como garante para evitar que se impongan las iniciativas cada vez más racistas de sus aliados en relación a la ocupación lisa y llana de Cisjpordania. No es que la coalición Azul y blanca tenga posiciones diametralmente opuestas a éstos pero suelen ser mucho más  cuidadosos de las formas que sus rivales.

El punto central que diferencia al Likud de la coalición bicolor es su relación frente a los judíos ultraortodoxos, dado que está claro que ninguna de las dos fuerzas negociaría jamás un gobierno conjunto con la minoría árabe. En Israel eso se encuentra totalmente descartado por todos menos para los comunistas, que son mal vistos por sus compatriotas justamente por sus posiciones en relación a este tema.

Así que vamos al meollo de la cuestión que gira alrededor de los enormes privilegios que tienen  los ortodoxos en relación al resto de los israelíes desde la propia existencia del Estado de Israel. Para ello se debe entender que a partir de la propia fundación de ese Estado fue necesario negociar con este sector muy influyente en la sociedad que tiene unos intereses  poco coincidentes con el resto de la ciudadanía.

Los judíos ortodoxos representan cerca del veinte por ciento de la población judía,  con la particularidad de que no participan de la misma manera en la carga de los gastos del Estado de Israel como el resto de los mortales. Ellos se dedican principalmente al estudio de la Torá y al respeto de las tradiciones bíblicas más remotas, para lo cual el Estado los subvenciona casi totalmente. Ello implica una carga muy fuerte para el resto de sus compatriotas que destinan más de la mitad de sus ingresos en el pago de impuestos, en un país en el que los alimentos, los servicios y la salud distan mucho de ser baratos.

Para decirlo en términos fáciles de comprender, los ortodoxos son los planeros de la economía israelí , son quienes garantizan la superioridad numérica de judíos sobre la población árabe dada la cantidad de hijos que suelen tener y son una enorme carga para los demás mortales residentes en aquel país. En tal sentido, es Lapid del Partido “Hay Futuro” quien viene bregando desde hace un largo tiempo en conseguir para los desfavorecidos israelíes la reducción de beneficios económicos  y políticos que recibe la minoría ortodoxa.  Y son los ortodoxos quienes desequilibran la balanza siempre a favor de aquellos que les prometen mayores beneficios, tal como ha sucedido con el Likud desde hace largo tiempo. Esta es una de las claves en las que hay que leer las elecciones israelíes, no hoy, sino prácticamente siempre.

La relación con la cuestión palestina no presenta grandes diferencias entre uno u otro sector pero es de esperar que con la salida de Bibi y con la llegada de los millenials,  que suelen ser bastante más pacifistas que sus mayores, a lugares de poder, la belicosidad aún triunfante desde hace décadas vaya aminorando lentamente.  

Altos del Golán

Aquí subyace un tema clave en relación a las alturas de Golan. No hay ningún político medianamente racional dentro de Israel que intente negociar un solo centímetro de tierra en esa zona, percibida como la frontera más relevante desde el punto de vista táctico, dado que se recuerda que conquistar ese territorio implicó episodios teñidos de sangre y guerra. Tan claro parece quedar este punto, que muchos creen no sin razones que resultó el motivo principal de la muerte de Itzak Rabin, el último pacifista de Medio Oriente, quien pagó con su vida tal temeridad junto con el líder palestino Yasser Arafat. Nadie va a volver a cometer semejante error letal, aunque hay analistas que señalan como posible en un futuro no tan lejano la probable existencia de una Federación autonomista con el Reino de Jordania que incluya mejores condiciones de vida para los palestinos, siempre y cuando éstos se vayan alejando de su patria en Cisjordania.

Queda claro que el futuro es siempre una página que debe ser escrita para develar su real contenido, por lo que esto último configura una mera especulación o es más bien la expresión de deseos de aquellos que anhelan el viejo proyecto de un Gran Israel que supere las actuales fronteras existentes, sean éstas legales o no.

Dario Minskas Analista Internacional

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