Introducción a la práctica geopolítica

Por Dario Minskas

Según Wikipedia, (a la que nunca se debe consultar para un trabajo serio), la Geopolíticaes el estudio de los efectos de la geografía humana y física sobre la política y las relaciones internacionales. La geopolítica es un método de estudio de la política exterior para entender, explicar y predecir el comportamiento político internacional a través de variables geográficas. ​ Es una ciencia que se ocupa del estudio de la causalidad espacial de los sucesos políticos y de los próximos o futuros efectos de los mismos. Se nutre especialmente de otras disciplinas de envergadura tales como la historia, las relaciones internacionales, la geografía política, la ciencia política, la sociología y la antropología. Realiza el estudio del medio ambiente, de acuerdo a sus características económicas, culturales y recursos de un estado. La Geopolítica observa el mundo como un gran tablero de ajedrez con varias dimensiones y distintos planos, que nos permite inferir futuros movimientos globales en función de nuestra capacidad de adelantarnos a los hechos y las tendencias que irán apareciendo en este tablero, lo que implica un conocimiento acabado de las fuerzas que residen en cada espacio y su proyección al futuro. 

Vayamos a un ejemplo de orden práctico: en el verano de 2014 tuve oportunidad de viajar con mi familia a Orlando para pasar unas vacaciones. Entre la documentación recibida en el lobby del hotel, nos encontramos con una significativa curiosidad: la República Argentina no figuraba entre el listado de los países desde los que habíamos llegado, con lo cual tuvimos que conformarnos con la categoría “otros países”. Revisamos las demás naciones de América del listado y solamente faltaba el nuestro. Vale destacar que la afluencia de argentinos al afamado parque era realmente impactante. No es que el dato hable por sí mismo, pero nos da un indicio sobre la valoración que el país del norte tenía sobre nosotros en ese momento. Indicio que no ha sido otra cosa que alarmante de año en año y de alguna manera implicó un anuncio de lo que le esperaba a este lugar del planeta en años posteriores.

Pero vayamos a otro ejemplo más significativo y de carácter histórico. La República de Haití declaró su independencia el primero de enero de 1804, siendo el segundo país en hacerlo y el primero de América Latina. Se trataba de un enclave colonial francés cuya población estaba compuesta casi totalmente por esclavos de la región del África subsahariana quienes sostuvieron una lucha de diez años para lograr su emancipación definitiva. La conformación geográfica de Haití y República Dominicana es muy similar. Sin embargo, a pesar de las dificultades el segundo es un país con instituciones que medianamente funcionan (con mucha dificultad) y el primero es un lugar devastado, una república fallida y un lugar donde se hace imposible subsistir con cierta dignidad para la mayor parte de la población. Haití ha sido invadida, saqueada y vuelto a invadir en una infinidad de ocasiones por Estados Unidos y sus aliados y satélites. Nunca se les perdonó salir de su condición de esclavos. República Dominicana fue parte de los territorios españoles de ultramar y su población no era mayoritariamente esclava. Francia le exigió a Haití una indemnización por las propiedades (esclavos incluidos) que tuvieron que irse del lugar a raíz de la guerra por la emancipación.

Esta sencilla pero ilustrativa anécdota familiar y la segunda narración de naturaleza histórica, nos permite señalar un tópico fundamental en geopolítica: La “teoría de los juegos”. Para la definición académica del término recomendamos a los autores clásicos de la geopolítica. Aquí lo que pretendemos hacer es señalar cómo funciona esta “Teoría de los juegos”, que implica la existencia de una amenaza concreta que puede significar un país soberano o una región frente a otra, por la existencia de un factor que equilibre sus pretensiones, tal como ocurre entre los países con armas atómicas que se encuentran en distintas condiciones de negociación frente a aquellas naciones que carecen de ellas. Por ejemplo, le será más fácil sentarse a negociar a Corea del Norte con EEUU que a Venezuela, por ser la primera potencia militar atómica y la segunda un elemento disruptivo dentro del patio trasero norteamericano. –

Seguidamente nos vamos a plantear una serie de conceptos que giran alrededor de nuestra materia de estudio. En cada época, los conceptos varían en función del modelo que eligen las potencias para gobernar el mundo. Ahora estamos en tiempos de la globalización así que vamos a comenzar explicando que es la GlobalizaciónEs un sistema político, económico, tecnológico, social, cultural y empresarial que se basa en la interrelación de cada una de estas categorías a escala mundial, originándose una interdependencia estructural que implica la concentración de los métodos de intercambio financiero, comunicacional e informático en grupos de decisores globales que replican sus métodos en regiones cada vez más extensas.  Presupone la existencia de un mercado global y de una libertad casi irrestricta para ejercer el comercio y nace a partir del fin de la guerra fría, consolidándose definitivamente en su etapa financiera a partir del siglo XXI. Sus principales beneficiarios son las empresas y corporaciones multinacionales más grandes y algunos países centrales. Implica la transnacionalización de la economía de las naciones y la creación y configuración de bloques continentales de intercambio de bienes y servicios, con una nueva división y modificación de las condiciones internacionales del trabajo. 

Este sistema implica la concentración de riqueza en empresas de mayor tamaño dado que optimiza las ganancias en una cantidad limitada de jugadores globales por región e impide el desarrollo sostenido de las regiones de la periferia, a las que se subordina su rol en proveedoras de materias primas sin mayor valor agregado, lo que implica además menor utilización de mano de obra. El proceso de globalización ha tenido paradójica y temporariamente ganadores y perdedores. Por una parte, se dio fin a la etapa de poder unipolar centrada en los EEUU para hacer aparecer otros actores globales como Rusia y China, más una serie de actores secundarios con preeminencia sobre distintas regiones. Así tenemos a Alemania en Europa, Turquía en las puertas de Asia, la India, una posible Corea unificada futura también en Asia y otras naciones que se han convertido en potencias militares susceptibles de defender su soberanía.

EEUU se ha visto superada en principio por la creciente industria China y la tecnología militar rusa, pero a partir de la llegada de Donald Trump y la política petrolera de ese Estado, se han logrado nuevas condiciones para seguir dominando el comercio durante algún tiempo, siempre con la amenaza concreta que implica una China con un PBI mayor en dos o tres lustros, con el “Nuevo camino de la Seda” mediante. Volveremos sobre este punto más adelante. Trump aparece como respuesta a la decadencia norteamericana mediante el regreso al concepto de América para los americanos, aplicando restricciones al comercio y renegociando esas relaciones a partir de acuerdos bilaterales en contra posición con los acuerdos regionales anteriores. Trump representa a los grupos económicos no trasnacionalizados que necesitan para su sostenimiento al propio mercado norteamericano y el consumo de su propia población, en detrimento a lo que se da en llamar el “Estado profundo” compuesto por transnacionales, el Pentágono y los fabricantes de armamento y equipos militares. Tiene el apoyo de los desplazados que perdieron ingresos con la deslocalización de empresas que emigraron hacia China y produjeron la existencia del llamado “Rusty belt”, un cordón de industrias cerradas entre las ciudades de Chicago y Detroit, especialmente las del sector metalúrgico y las relacionadas con la industria automotriz.

De lo expuesto hasta aquí, resulta que el Presidente Trump ha elegido un modelo concreto de tratamiento de las relaciones internacionales de su país conocido como pragmatismo Jacksoniano. Andrew Jackson ha sido considerado como el primer presidente populista que abogó por una política exterior nacionalista. Los Jacksonianos creen que el gobierno debe trabajar en el exterior de una forma limitada a dos principios fundamentales: la seguridad física y el bienestar económico de los norteamericanos. No creen en una política exterior de corte moralista, en la que Estados Unidos intervenga en terceros países ni que el gobierno se dedique a promover los intereses de las grandes empresas en el extranjero o a luchar por el sostenimiento de un orden mundial de libre comercio. El foco está en avanzar al bienestar del hombre común mediante el proteccionismo económico. Tampoco defienden una política exterior excesivamente aislacionista: cuando los intereses vitales de Estados Unidos están en juego una rotunda respuesta militar es vista como algo necesario. En este esquema, lo que se busca es la disminución de los costos de producción para permitir la elevación del consumo de las clases populares perjudicadas por el esquema anterior, pretende el regreso de las fábricas cerradas cuyas casas matrices son locales, para bajar drásticamente la tasa de desempleo. De todos modos, el principal objetivo del esquema Jacksoniano implementado por Trump es aminorar el impacto del capitalismo financiero sobre la producción de bienes y servicios, con el fin de recuperar la soberanía entregada cuando se creó la FED en 1913 y se le entregó el control monetario a una serie de bancos transnacionales.

Por todo aquello, aparece como central en su política exterior el sector financiero asociado al Estado de Israel, lo que implicó observar algunas idas y vueltas en relación a como se configuró esa alianza. En primer término, cumplió con su compromiso de reconocer Jerusalén como Capital del Estado de Israel pero se alejó parcialmente del conflicto de Medio Oriente retirando sus tropas a Irak y a la región habitada por los kurdos donde EEUU conserva 16 bases militares. De allí la necesidad israelí de negociar con Putin la consolidación de la paz en Siria y el retiro de tropas iraníes hacia el Líbano. El último gesto fue el reconocimiento de la soberanía israelí sobre las alturas del Golán, lugar cuya negociación enunciada le costó la vida a Itzak Rabin, quien no percibió la importancia que le da el pueblo israelí a dominar el área. Ello le garantizó a Trump el apoyo político y financiero israelí y del lobby judío norteamericano que posee una poderosa herramienta de presión.      

Uno de los principales efectos de la globalización ha sido la concentración económica a través del reemplazo de la producción por la especulación financiera. Pero la especulación financiera no puede existir indefinidamente sin que el sistema termine saltando por los aires. Por ello el esquema que se espera en las próximas décadas es el del “Capitalismo de lujo” que consiste en generar unas condiciones de vida ideal para una minoría muy selecta que en principio no debería superar el 1 % de la población mundial. Por supuesto que el esquema de reemplazo de la producción por la especulación financiera seguirá existiendo siempre, en detrimento de los sectores que todavía accedan al mercado laboral disminuido por la robotización, mientras se pretende una disminución drástica de la población mundial en virtud de distintas políticas dirigidas a menguar el nacimiento de nuevos habitantes. Se espera para 2045 que el avance tecnológico permita a un individuo eternizar su existencia mediante implantes biotecnológicos y que la IA (inteligencia artificial) alcance un punto de maduración tal que no será la especie humana la que regirá sobre la tierra, sino un híbrido entre hombre y máquina. Una combinación tecnobiológica de unos 80 millones de habitantes conectados a la IA serán parte de una raza superior que disfrute los avances tecnológicos ilimitados a los que podrán acceder, más una serie de trabajadores con acceso limitado formarán parte de ese nuevo mundo. El resto irá languideciendo hasta desvanecerse en los tiempos, si es que este esquema global triunfa. Lo que el Globalismo pretende es reemplazar la soberanía de los Estados por un Nuevo Orden Mundial que implica la existencia de un gobierno Global en el que las relaciones comerciales se impongan sobre los conflictos regionales, haciendo desaparecer fronteras y reemplazando ejércitos por fuerzas de represión y control de la población que quede fuera de sistema.

Pero tratándose de la especie humana hace falta decir que el proceso que se describe, si bien se encuentra encaminado hacia esa dirección, tiene todavía la esperanza de ser redirigido hacia otro tipo de sociedad en la que no resulte vencedora la inmanencia sobre la trascendencia. Ese otro esquema humanista está representado por la figura del Papa Francisco, el gobierno de Vladimir Putin, algunos otros cultos como la Iglesia Ortodoxa y parte de Evangelismo, como así también pensadores de todo el mundo que por ahora en desventaja, plantean otro esquema. En nuestro país dicho pensamiento está representado por el peronismo en sus distintas variantes. Queda como incógnita que será de China, una potencia que nunca en su historia se ha planteado como Imperio sino más bien como civilización distinta a Occidente. El control chino sobre la economía es estructural. El Estado es titular del 50 % de todas las acciones de las empresas con sede allí. La duda es en relación al modo de producción chino que es semiesclavista mientras incorpora a la clase media el equivalente a toda la población argentina por año. La alianza entre chinos y rusos, con algunas áreas de fricción puntuales, sigue plenamente vigente y parece muy sólida. Sin embargo, si el esquema Jacksoniano de Trump se impone definitivamente, Rusia parece ser el aliado ideal para Estados Unidos. Es posible que en realidad estemos en las puertas en que las disputas entre gigantes se resuelvan en forma pacífica, pero en detrimento de la periferia de la que formamos parte, a la que solamente se le destina el rol de factoría.

Dario Minskas Analista político

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