Un muñeco de nieve en Brasil

Por Carlos César Navarro

Perón decía que “la política nacional es política de cabotaje”.
Esto hay que entenderlo como eje cardinal y a partir de allí analizar los ejes que conforman al poder.

Y estos son básicamente 3:
1. Eje Norteamericano-británico-israelí 2. Eje Chino 3. Eje Ruso.


Es indudable que el primero de los ejes, es el eje de poder más viejo y clásico, el que se estructuró en la modernidad a partir de la segunda guerra mundial. Guerra que sirvió ni más ni menos para que el núcleo de poder que se estableció geográficamente en los Estados Unidos, como los Rockefeller, los Morgan y los Carnegie entre otros, fomentó la causa nazi facilitando chatarra. 
Es bien conocida la relación de Henry Ford y el líder alemán, Adolfo Hitler. Y está investigada la línea de financiamiento que el naciente Partido Nacional Socialista Obrero alemán obtuvo de la banca Morgan. Quien quiera hacer una análisis hermenéutico y heurístico de la realidad, debe analizar los resultados de cada acontecimiento desde un punto puramente valorativo en cuanto (“cuanto” palabra que uso taxativamente) a la potencia final de los actores intervinientes luego de la conclusión de él o los conflictos, sean estos de la naturaleza que sean. Si la idea fuerza original de los actores se ve potenciada por el resultado, más allá de la enunciación de los motivos de la implicancia, podemos sospechar que ese actor estuvo implicado eficientemente en los orígenes del conflicto.
La PROTECCIÓN, es el negocio mafioso por excelencia. Todos los que hemos visto filmografía del género mafioso, leído literatura que se relaciona con el tema, vemos que en realidad es su forma básica de recaudar recursos. Esto es, si entendemos al poder desde un punto de vista que nos plantea Guattari, como una estructura rizomática, en sociedades estratificadas en donde el estado no está conectado con las necesidades y voluntades populares, el poder se estructura vía organizaciones que podemos ver como informales desde nuestros prejuicios nacidos de la educación clásica (la encargada de disciplinarnos en valores adecuados a la dominación por parte de la élite hegemónica, tarea luego sostenida por los medios de comunicación), pero que son eficientes y potentes en la organización del subsuelo de la sociedad. Así, la protección también es usada por los estados mafiosos.
Vemos en la actualidad, como los Saddam Husein, los Noriega, el comandante Chávez, Nicolás Maduro (ambos demonizados para constituirse en amenaza para los cautivos de los mensajes y la prédica de los medios de comunicación masivos) y hasta el ISIS como entidad amenazante, son el par sinérgico para lograr la indispensable intervención de los factores de poder que brindan la seguridad. Cuando no existe factor de peligro para vender seguridad, el Imperio crea uno en forma real como aliado, o demonizando a su obstáculo como es el caso de los citados mandatarios venezolanos. Indudablemente es muy conflictiva el entrecruzamiento de imágenes que nos brindan las historias que nuestra cultura ha conformado en nuestra estructura cognitiva. Estamos saturados de imágenes de los aliados llegando hasta cada pueblo ocupado por los alemanes.
¿Qué es lo que en nuestra consciencia hubiese quedado si hubiésemos sabido que la intromisión en la primera guerra mundial fue forzada por el aparato de propaganda del poder financiero de USA para tener “un pie” en Europa?
¿Qué opinión tendríamos de todo el proceso de la Segunda Guerra Mundial si hubiésemos sabido que EEUU le vendía chatarra a Hitler para construir su armada, que Ford le dio la matriz de construcción de los camiones que usaban para transporte, y que anteriormente el ascenso de Hitler fue financiado por los mismos apellidos que se repiten sin solución de continuidad en la construcción del Imperio, cimentado en cadáveres de propios y transnacionales?
Cada guerra en la que el Imperio logró expandir los límites de sus influencias y de sus mercados cobró la cuota de millones de almas del pueblo norteamericano y de los territorios en donde se constituían los Teatros de Operaciones. Detrás de estas inmolaciones tendremos a los Rockefeller, a los Morgan, a los Carnegie… Son los dueños de las finanzas, de los medios de comunicación, de los centros de enseñanza universitarios, no solamente construyen ciudades, construyen sentido, han creado las bases de la sociedad norteamericana al diseñar los planes de estudio y la estructura misma de la cognición de los profesionales que forman las organizaciones intermedias de la sociedad norteamericana.
Identificar a los Estados Unidos por todos sus habitantes, es un reduccionismo tentador pero que distorsiona la realidad. El pueblo estadounidense consciente o inconscientemente es tan víctima como los pueblos de los países invadidos. Es necesario hacer un ejercicio cotidiano y hacer una exégesis de la realidad, ya que como en un teatro de sombras chinescas, las políticas que se dan el orden nacional no dejan de ser una proyección de los que emanan los centros de poder.
No es que sea imposible plantearse una soberanía política. No, no es imposible. Pero esa soberanía está en la autónoma interacción con esos poderes globales de manera de asegurar el bienestar colectivo para eso que dentro de un territorio políticamente delimitado llamamos país. Y cuando hablo de bienestar colectivo me refiero a asegurar a las clases populares una vida digna. Las oligarquías siempre van a estar bien. Ellos siempre están bien, pero la naturaleza humana hace que en su codicia y ambición deseen exclusividad para poder disfrutar de la perspectiva de clase. Eso que constituye su naturaleza intrínseca, no es posible modificarla, pero podemos estructurar sistemas de control que nos aseguren a todos los medios de regulación social para evitar las diferencias de clase que tornan indigna a la vida.
No es posible plantearnos desarrollar políticas justas e inclusiva sin tener una clara idea de las alianzas geoestratégicas que DEBEMOS CONCRETAR. Que ya sea que lo queramos o no estamos en el JUEGO.

2.         Eje Chino 3.         Eje Ruso.
Es indudable que el primero de los ejes, es el eje de poder más viejo y clásico, el que se estructuró en la modernidad a partir de la segunda guerra mundial. Guerra que sirvió ni más ni menos para que el núcleo de poder que se estableció geográficamente en los Estados Unidos, como los Rockefeller, los Morgan y los Carnegie entre otros, fomentó la causa nazi facilitando chatarra. 
Es bien conocida la relación de Henry Ford y el líder alemán, Adolfo Hitler. Y está investigada la línea de financiamiento que el naciente Partido Nacional Socialista Obrero alemán obtuvo de la banca Morgan. Quien quiera hacer una análisis hermenéutico y heurístico de la realidad, debe analizar los resultados de cada acontecimiento desde un punto puramente valorativo en cuanto (“cuanto” palabra que uso taxativamente) a la potencia final de los actores intervinientes luego de la conclusión de él o los conflictos, sean estos de la naturaleza que sean. Si la idea fuerza original de los actores se ve potenciada por el resultado, más allá de la enunciación de los motivos de la implicancia, podemos sospechar que ese actor estuvo implicado eficientemente en los orígenes del conflicto.
La PROTECCIÓN, es el negocio mafioso por excelencia. Todos los que hemos visto filmografía del género mafioso, leído literatura que se relaciona con el tema, vemos que en realidad es su forma básica de recaudar recursos. Esto es, si entendemos al poder desde un punto de vista que nos plantea Guattari, como una estructura rizomática, en sociedades estratificadas en donde el estado no está conectado con las necesidades y voluntades populares, el poder se estructura vía organizaciones que podemos ver como informales desde nuestros prejuicios nacidos de la educación clásica (la encargada de disciplinarnos en valores adecuados a la dominación por parte de la élite hegemónica, tarea luego sostenida por los medios de comunicación), pero que son eficientes y potentes en la organización del subsuelo de la sociedad. Así, la protección también es usada por los estados mafiosos.
Vemos en la actualidad, como los Saddam Husein, los Noriega, el comandante Chávez, Nicolás Maduro (ambos demonizados para constituirse en amenaza para los cautivos de los mensajes y la prédica de los medios de comunicación masivos) y hasta el ISIS como entidad amenazante, son el par sinérgico para lograr la indispensable intervención de los factores de poder que brindan la seguridad. Cuando no existe factor de peligro para vender seguridad, el Imperio crea uno en forma real como aliado, o demonizando a su obstáculo como es el caso de los citados mandatarios venezolanos. Indudablemente es muy conflictiva el entrecruzamiento de imágenes que nos brindan las historias que nuestra cultura ha conformado en nuestra estructura cognitiva. Estamos saturados de imágenes de los aliados llegando hasta cada pueblo ocupado por los alemanes.
¿Qué es lo que en nuestra consciencia hubiese quedado si hubiésemos sabido que la intromisión en la primera guerra mundial fue forzada por el aparato de propaganda del poder financiero de USA para tener “un pie” en Europa?
¿Qué opinión tendríamos de todo el proceso de la Segunda Guerra Mundial si hubiésemos sabido que EEUU le vendía chatarra a Hitler para construir su armada, que Ford le dio la matriz de construcción de los camiones que usaban para transporte, y que anteriormente el ascenso de Hitler fue financiado por los mismos apellidos que se repiten sin solución de continuidad en la construcción del Imperio, cimentado en cadáveres de propios y transnacionales?
Cada guerra en la que el Imperio logró expandir los límites de sus influencias y de sus mercados cobró la cuota de millones de almas del pueblo norteamericano y de los territorios en donde se constituían los Teatros de Operaciones. Detrás de estas inmolaciones tendremos a los Rockefeller, a los Morgan, a los Carnegie… Son los dueños de las finanzas, de los medios de comunicación, de los centros de enseñanza universitarios, no solamente construyen ciudades, construyen sentido, han creado las bases de la sociedad norteamericana al diseñar los planes de estudio y la estructura misma de la cognición de los profesionales que forman las organizaciones intermedias de la sociedad norteamericana.
Identificar a los Estados Unidos por todos sus habitantes, es un reduccionismo tentador pero que distorsiona la realidad. El pueblo estadounidense consciente o inconscientemente es tan víctima como los pueblos de los países invadidos. Es necesario hacer un ejercicio cotidiano y hacer una exégesis de la realidad, ya que como en un teatro de sombras chinescas, las políticas que se dan el orden nacional no dejan de ser una proyección de los que emanan los centros de poder.
No es que sea imposible plantearse una soberanía política. No, no es imposible. Pero esa soberanía está en la autónoma interacción con esos poderes globales de manera de asegurar el bienestar colectivo para eso que dentro de un territorio políticamente delimitado llamamos país. Y cuando hablo de bienestar colectivo me refiero a asegurar a las clases populares una vida digna. Las oligarquías siempre van a estar bien. Ellos siempre están bien, pero la naturaleza humana hace que en su codicia y ambición deseen exclusividad para poder disfrutar de la perspectiva de clase. Eso que constituye su naturaleza intrínseca, no es posible modificarla, pero podemos estructurar sistemas de control que nos aseguren a todos los medios de regulación social para evitar las diferencias de clase que tornan indigna a la vida.
No es posible plantearnos desarrollar políticas justas e inclusiva sin tener una clara idea de las alianzas geoestratégicas que DEBEMOS CONCRETAR. Que ya sea que lo queramos o no estamos en el JUEGO.

Si miramos alrededor, los países de la región que aún sostienen un proyecto de nación soberana han estructurado alianzas con el eje de poder antagónico al que protagonizan EE.UU.-Gran Bretaña-Israel. Indudablemente no hay lugar para grises, ya que las alianzas regionales sin la proyección hacia los factores de poder económicos y de defensa, son de una vulnerabilidad extrema.


Así es que, si no pensamos en una alianza con Rusia, China y los países de su órbita, todos los logros dentro de un juego político doméstico tendrán la duración de un muñeco de nieve en las playas Copacabana.


Carlos César Navarro Retrovisor

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